lunes, 9 de abril de 2018

El Novus Ordo de Semana Santa: Viernes Santo

1. Invento: Se impone un nuevo nombre: “Solemne acción litúrgica del Viernes Santo”, eliminando el modo antiquísimo de “Misa de presantificados” o Feria sexta in Parasceve. 
Práctica tradicional anterior a la reforma: El nombre de “presantificados” subrayaba la consagración de las especies eucarísticas que había tenido lugar en un oficio precedente y se relacionaba con el rito eucarístico. Esto era particularmente antipático para la Comisión -a pesar de que existe en todos los ritos católicos-, por lo que decidió “reducir la amplificación estructural del Medioevo que aparecía en la así llama ‘misa de presantificados’, y retornar a las líneas severas y puras de una grandiosa comunión general”.  

2. Cambio: El altar no tiene más la cruz velada.
Práctica tradicional anterior a la reforma: La cruz velada permanecía en su lugar, o sea, sobre el altar desnudo y rodeada por dos candelabros.
La imagen de la cruz había sido velada en el primer domingo de Pasión, a fin de que permaneciera en su lugar natural -es decir, sobre el altar-, y fuera develada solemne y públicamente el Viernes Santo, día del triunfo de la Pasión redentora. Con la reforma, la cruz es guardada en la sacristía la tarde del Jueves Santo, sin ninguna solemnidad, junto a los manteles del altar. Es llamativo que el día más importante de su historia, la cruz esté ausente del altar.

3. Cambio: La lectura del Evangelio no es más distinta de la lectura de la Pasión.
Práctica tradicional anterior a la reforma: El Evangelio se cantaba en un modo distinto de la Pasión aunque, en este día de luto, sin incienso ni candelabros. 

4. Cambio: Los manteles del altar no están extendidos desde el inicio de la ceremonia e, igualmente, el sacerdote no usa la casulla desde el inicio sino solamente alba y estola. 
Práctica tradicional anterior a la reforma: El sacerdote tenía la casulla negra y, llegado al altar, se postraba mientras los acólitos extendían un solo mantel sobre el altar desnudo.
El hecho de que el sacerdote usara la casulla para un rito que no era strictu sensu la Misa, testimoniaba al antigüedad de esta ceremonia. La Comisión por una parte, sostenía que las ceremonias del Viernes Santo estaban constituidas por “elementos que, desde la antigüedad, permanecieron sustancialmente intactos”, y por otra, introdujeron modificaciones que separaran la liturgia eucarística de la “primera parte de la liturgia, la liturgia de la palabra”. Esta distinción moderna que luego pasará el Novus ordo missae de Pablo VI, ya estaba aquí presente y, según el P. Braga, debía ser significada por el hecho que el sacerdote usara solamente la estola y no la casulla. 
(No trataremos aquí la cuestión de la oración por los judíos que requiere precisiones filológicas. Los interesados sobre el tema pueden ver este artículo).

5. Invento: Para la séptima oración se introduce el nombre “Pro unitate Ecclesiae”.  
Práctica tradicional anterior a la reforma: La oración no tenía ese nombre ambiguo.
Con la ambigüedad expresiva se introduce la idea de la Iglesia en búsqueda de su propia unidad social que todavía no habría alcanzado. Los que están fuera de la Iglesia deben volver a ella, deben volver a una unidad que ya existe, y no reunirse con los católicos a fin de dar lugar a una unidad que todavía no existe. Según el P. Braga, el objetivo de la Comisión había sido eliminar de la oración algunas palabras que hablaban de las almas engañadas por el demonio y arrastradas por la maldad de la herejía “animas diabolica fraude deceptas” y “haeretica pravitate”. Y también las que pedían el retorno de los que están equivocados a la verdad: “errantium corda resipiscant, et ad veritatis tuae redeant unitatem”. Sin embargo, no pudieron alcanzar en ese momento sus objetivos. 

6. Invento: Procesión de retorno solemne de la cruz desde la sacristía al templo.
Práctica tradicional anterior a la reforma: La cruz permanecía velada sobre el altar, y se develaba públicamente en el espacio del altar, es decir, en el lugar donde había permanecido velada durante dos semanas. 
En la liturgia, lo parte en procesión solemne, retorna en procesión solemne. En esta caso, la cruz había partido casi a las escondidas la tarde del Jueves Santo cuando se desnudaba el altar. No se comprende el significado litúrgico de esta innovación. Quizás se trate del intento de restituir el rito que tenía lugar en Jerusalén durante los siglos IV-V según lo relata Egeria: “En Jerusalén, la adoración se hacía sobre el Gólgota”, y la peregrina española recuerda que “la comunidad se reunía temprano por la mañana. Delante del obispo […] se traía el relicario de plata con las reliquias de la cruz”. Lo curioso es que esta dudosa reconstrucción de un rito no se realiza en el Monte Calvario ni en la liturgia jerosolimitana de los primeros siglos, sino en Occidente y en la liturgia romana. 

7. Cambio: Se reduce la importancia de la procesión eucarística.
Práctica tradicional anterior a la reforma: El Santísimo Sacramento retornaba en una procesión con solemnidad similar a la del día precedente, y la realizaba el celebrante. 
La Comisión decide reducir la procesión del retorno del Cuerpo de Cristo a una forma casi privada. El Santísimo había sido llevado el día anterior solemnemente al Sepulcro (este es el nombre que utiliza toda la tradición cristiana, incluso el Memoriale Rituum y la Congregación de Ritos) y parece lógico y litúrgico que del mismo modo retornara. Pareciera una reducción de los honores que se rinden al Santísimo Sacramento. Incluso, en el caso de la misa solemne, es el diácono quien lo trae y no el sacerdote.

8. Cambio: Eliminación de las incensaciones al Santísimo Sacramento.
Práctica tradicional anterior a la reforma: La hostia consagrada era incensada como de costumbre, pero no lo era el celebrante. Los signos de luto son claros pero no se extienden al Santísimo.

9. Cambio: Introducción del Padrenuestro rezado por los fieles.
Práctica tradicional anterior a la reforma: El Padrenuestro era rezado solamente por el sacerdote. 
“La preocupación pastoral de una participación consciente y activa de la comunidad cristiana” es dominante. Los fieles deben ser “verdaderos actores de la celebración… y era esto lo que pedían los fieles, sobre todo aquellos más sensibles a la nueva espiritualidad… La Comisión ha escuchado las aspiraciones fundadas del pueblo de Dios”. 
Habría que demostrar que estas aspiraciones eran de los fieles y no de un grupo de liturgistas de vanguardia. Y habría que explicitar también que entendía la Comisión por “nueva espiritualidad”. 

10. Cambio: Eliminación de la oración con referencias al sacrificio durante la consumición de la hostia. 
Práctica tradicional anterior a la reforma: Se mantenía la oración “Orate fratres ut meum ac vestrum sacrificium…” aunque no seguía la respuesta acostumbrada.
Es verdad que en este día no se tiene, strictu sensu, el sacrificio eucarístico pero también es verdad que la consumición de la víctima inmolada el día anterior es una parte, aunque no esencial, del sacrificio. 

11. Cambio: Eliminación de la inmisión de una parte de la hostia consagrada en el vino del cáliz.
Práctica tradicional anterior a la reforma: Se introduce una partícula de la hostia consagrada en el vino, pero se omiten las oraciones relativas a la consumisión de la sangre. 
La inmisión de una parte de la hostia consagrada en el vino no consagrado -práctica que también mantiene el rito bizantino-, evidentemente no consagra al vino, y nunca esto fue creído por la Iglesia. Simplemente esta unión manifiesta simbólicamente, aunque no realmente, la reunificación del Cuerpo y la Sangre de Cristo, y la unidad del Cuerpo Místico en la vida eterna. Las Memorias de la Comisión indican que sus integrantes eliminaron este rito porque, según afirmaban, existía desde el Medioevo debido a una creencia errónea según la cual, la inmisión de la hostia consagrada consagraba también el vino; una especie de ósmosis sacramental… Hay que decir, en primer lugar, que no está comprobado de ninguna manera que esa haya sido la opinión corriente, y afirmar siquiera esta posibilidad, implicaría que la Iglesia Romana hubiese mantenido durante siglos una práctica errónea sin querer modificarla, errando de ese modo sobre un hecho dogmático. Estas afirmaciones de la Comisión se entiende en el marco del racionalismo positivista que estaba de moda en los ’50.

12. Cambio: El cambio de los horarios de la celebración terminó por crear notables problemas pastorales y litúrgicos. 
Práctica tradicional anterior a la reforma: La misa de presantificados de Viernes Santo tenía lugar durante la mañana del Viernes Santo.
Esta práctica permitía que durante la tarde tuvieran lugar diversas expresiones de la piedad popular, como el Vía Crucis, la predicación de las Siete Palabras, el Sermón de Soledad, las procesiones tan típicas de la Semana Santa andaluza, y muchísimas más que se enraizaban en las tradiciones de cada lugar. Claramente, la “reforma pastoral” no fue pastoral porque había nacido de expertos que no tenían contacto real con las parroquias ni con la devoción y la piedad popular, a la que muchas veces despreciaban. 

Según los reformadores, en la tarde del Viernes Santo se creaba un vacío litúrgico que era llenado con “devociones populares”, y para remediar esta situación decidieron cambiar el horario y dictaminar que la ahora llamada “acción litúrgica” sea a las 15 hs. Se intento solucionar el “escándalo” de las devociones populares con el peor de los métodos pastorales, que es el de omitir las prácticas populares y no darles ninguna importancia. 

2 comentarios:

Cæremoniarius dijo...

Estoy muy de acuerdo con usted.
Estas reformas de la Semana Santa fueron el preludio que anunciaba el cataclismo que estaba por llegar con las reformas del Consilium.

Cabe destacar que, las únicas cosas buenas, a mi juicio, son el horario de la Vigilia Pascual (es poco lógico celebrarla por la mañana y tener que oscurecer la Iglesia a propósito) y la posibilidad de que los fieles comulguen en todos los oficios (incluído el de Jueves y Viernes Santos).

Saludos, Estimado Wanderer.

Anónimo dijo...

El preludio fue el movimiento litúrgico desviado-