martes, 24 de abril de 2018

Desbrozando


A raíz del post titulado Avistaje de diaconisas, y a fin de no caer en una de las prácticas que con frecuencia criticamos, me parece que es necesario desbrozar, porque en los comentarios se comenzaron a mezclar conceptos, ideas y prácticas que no hacen más que confundir. Y empecemos por lo de las diaconisas.Creo que nadie en su sano juicio podrá negar el papel imprescindible que juegan las mujeres en la Iglesia, comenzado por el que más privilegiado de todos, el que le tocó en suerte a la Elegida, la Santísima Virgen María. El servicio que han prestado y prestan las mujeres es insustituible y no es necesario repasarlo: es por demás evidente.
Es verdad también que hay situaciones excepcionales en las que el papel de la mujer dentro del servicio a la Iglesia cobra un papel más protagónico. Es lo que ocurre en la Amazonía. Probablemente resulte difícil o imposible para nosotros, habitantes de medios urbanos, situarnos en esos contextos tan diversos. A mi me ayuda el recuerdo de unas religiosas que conocí y que suelo cruzar de vez en cuando: las Misioneras de Jesús Verbo y Víctima, que fueron fundadas en Perú en los ’60. Me consta que son religiosas piadosas, observantes y bien formadas. La mayor parte de sus fundaciones están precisamente en la zona de la Amazonía y su “carisma” es establecerse en lugares donde no llegan los sacerdotes. De hecho, a muchas de sus fundaciones en medio de la selva peruana o brasileña, el sacerdote las visita sólo una vez al año. En estos caso, me parece bueno y necesario que ellas no solamente enseñen el catecismo y visiten a los enfermos, sino que también bauticen, asistan como testigos a los matrimonios y los días domingo presidan algún tipo de celebración en la que puedan distribuir la Sagrada Comunión. Los cristianos que viven en esas remotas y casi inaccesibles regiones necesitan de los sacramentos porque los sacramentos son los medios ordinarios con los que Dios distribuye su gracia. Me parece, por tanto, que estas prácticas son buenas y no hay por qué eliminarlas o cuestionarlas. 
Otra cosa distinta es pretender ordenar a estas mujeres -sean religiosas o no-, como diaconisas, y primero habría que precisar que se entiende y que se entendió por tales en la tradición de la Iglesia. El documento El diaconado. Evolución y perspectivas, elaborado en 2002 por la Comisión Teológica Internacional, concluye luego de un meticuloso estudio: “La presente panorámica histórica nos permite constatar que ha existido ciertamente un ministerio de diaconisas, que se desarrolló de forma desigual en las diversas partes de la Iglesia. Parece claro que este ministerio no fue considerado como el simple equivalente femenino del diaconado masculino. Se trata al menos, sin embargo, de una verdadera función eclesial ejercida por mujeres, mencionada a veces antes de la del subdiaconado en la lista de los ministerios de la Iglesia. ¿Era este ministerio conferido por una imposición de manos comparable a aquella, por la que eran conferidos el episcopado, el presbiterado y el diaconado masculino? El texto de las Constituciones apostólicas dejaría pensar en ello; pero se trata de un testimonio casi único y su interpretación está sometida a intensas discusiones. ¿La imposición de manos sobre las diaconisas debe asimilarse a la hecha sobre los diáconos, o se encuentra más bien en la línea de la imposición de manos hecha sobre el subdiácono y el lector? Es difícil zanjar la cuestión a partir únicamente de los datos históricos”. Es decir, pretender restaurar el diaconado femenino sería equivalente a inventar el diaconado femenino, porque nadie sabe a ciencia cierta qué fue ese ministerio en la Iglesia primitiva. Los encargados de hacerlo serían los conocidos liturgistas de escritorio con un amplísimo poder de imaginación y creatividad. Non placet.
La solución que proponen nuestros beneméritos obispos es crear un nuevo ministerio para el que sugieren el repulsivo nombre de ginacólitas que, como vimos, desempeñarían  funciones similares a las que recién comentábamos que hacen las monjitas peruanas. Y yo veo aquí dos problemas. El primero es que ese servicio que desempeñan estas religiosas u otras mujeres en la Amazonía no tiene por qué extenderse a toda la Iglesia. Estamos hablando de una región geográfica muy particular, con características muy especiales y en las cuales este tarea desempeñada por mujeres es la única posibilidad que las comunidades cristianas reciban los sacramentos. Y yo me temo que los obispos pretendan, por una cuestión de corrección política, que poco a poco vaya extendiéndose con diferentes excusas a toda la Iglesia. Y entonces tendríamos que los casamientos de los sábados a la noche los celebraría una monja o una piadosa y rezadora feligresa, mientras el párroco y sus vicarios están viendo La casa de papel mientras comen pizza. Es lo que ocurre en la actualidad con los ministros/as extraordinarios de la eucaristía que distribuyen la sagrada comunión mientras el cura permanece cómodamente sentado en el presbiterio, o la llevan a los enfermos mientras el preste se dedica a hacer running.  
Y el segundo problema es que yo no veo la necesidad de inventar un nuevo ministerio para esto. ¿Es que las monjas de Jesús Verbo y Víctima u otras como ellas, están ofendidas porque no son ministras de algún tipo? ¿Es que han elevado cartas y peticiones al respecto? ¿Es que han organizados manifestaciones frente a los palacios episcopales? No. Absolutamente no. Ellas están lo más bien y tranquilas haciendo lo que deben hacer en las circunstancias extraordinarias en las que se encuentran. Las que sí organizan ese batifondo son las monjas que residen en elegantes conventos de Manhattan y que pasan el día infectándose con libros sobre ideología de género y sobre el machismo y el patriarcado en la Iglesia.
Pero sigamos desbrozando. Una cuestión estrechamente ligada a ésta y que también será tratada en el sínodo, es la referida a la posibilidad de ordenar sacerdotes a viri probati, es decir, hombres casados, de edad madura y virtud probada, que puedan celebrar los sacramentos en esas comunidades tan alejadas. Nuestra sensibilidad tradicionalista se eriza al escuchar tal posibilidad y enseguida reaccionamos descubriendo allí otra de las maquinaciones de los modernistas. Y creo que es un error. Es decir, creo que es un error considerar que la discusión sobre el celibato sacerdotal en la Iglesia latina es una cuestión de modernistas y, consecuentemente, es un gravísimo error entregarles a ellos esa bandera. En otras palabras, la discusión del celibato obligatorio para el clero secular latino no es un discusión de modernistas y conservadores; es una discusión que se da en otros niveles, más allá que algunos quieran quedarse con las banderas. Brevemente, se puede defender la tradición y, a la vez, estar de acuerdo con la posibilidad de sacerdotes casados, sin cometer herejías y sin traicionar a nadie. Y tengo varios argumentos para probar lo que digo.

En primer lugar, como todo el mundo sabe, el celibato no es condición necesaria para el sacerdocio, y no solamente porque así lo atestiguan los Hechos de los Apóstoles y las epístolas paulinas, sino la praxis misma de la Iglesia: el clero secular de las iglesias orientales, tanto católica como ortodoxa, puede estar casado, y de hecho, lo está, y esto ha ocurrido así desde los inicios mismos del cristianismo. Y otro dato importante: desde el pontificado de Pío XII al menos, a los sacerdotes anglicanos que estaban casados y se convertían a la Iglesia romana, se los ordena nuevamente y se les permite seguir casados. Y esta práctica se renovó recientemente con el Papa Benedicto XVI y la creación del ordinariato de Walsingham. Y aquí tenemos ya un elemento a favor a la ordenación de viri probati para la Amazonía: la Iglesia ya ha considerado un caso particular -los convertidos de la iglesia de Inglaterra- en el que la obligación del celibato ha sido levantada, y no ha sucedido ninguna catástrofe.
Para vayamos a argumentos de más peso que la pura praxis. El famoso cardenal Cayetano, comentador eximio de Santo Tomás de Aquino, redactó en 1530 para el papa Clemente VII un memorándum con sugerencias destinadas a combatir la herejía luterana. Allí aconsejaba, por ejemplo, que se permitiese a los laicos recibir la comunión bajo las dos especies, que no se exigiese a los teólogos luteranos una retractación formal, sino solo que confesasen creer lo que siempre había creído la Iglesia universal y, en relación a nuestro tema, que en Alemania los sacerdotes pudieran casarse (Cf. Jared Wicks (ed.), Cajetan Responds: A Reader in Reformation Controversy, Catholic University of America Press, Washington, DC 1978, pp. 201-203). Se trata de la misma idea: frente a una situación particular -el surgimiento del protestantismo-, la Iglesia podría dispensar de la ley del celibato a los sacerdotes del clero secular.
Pocos años después, la cuestión del celibato fue ampliamente discutida en el Concilio de Trento. Uno de los impulsores más importante fue el duque Albrecht de Baviera, cuyo legado, Segismund Baumgartner afirmó estar convencido de que en los países de habla germánica los católicos fieles y piadosos habían llegado a la conclusión de que “un casto matrimonio es preferible a un celibato deshonesto: castum matrimonium contaminato coelibatui praeferendum. Pronosticó, además, que la situación continuaría deteriorándose, a no ser que, en conformidad con los usos y costumbres de la Iglesia primitiva fueran admitidos a las órdenes sagradas varones bien formados y casados. Meses más tarde, el mismo duque Albrecht, a través de dos embajadores suyos enviados a Roma, pidió directamente al papa una doble autorización: para que los laicos pudiesen comulgar bajo las dos especies y para que “varones casados, rectos y bien formados, pudiesen realizar ciertas tareas eclesiásticas, especialmente predicar la palabra divina” (Concilium tridentinum: diarorum, actorum, epistolarum, tractatuum nova collectio VIII, Herder, Friburgo, 1901-ss, pp. 620-626). Pío IV contestó a la primera petición diciendo que eso era algo que estaba considerando el concilio y que él no deseaba interferir en el resultado del debate. La segunda petición se la transmitió a los legados, pidiéndoles que le hiciesen saber cuanto antes cuál era su opinión al respecto. Los legados consultaron el asunto con cuatro teólogos, que en su respuesta afirmaron que el matrimonio de los sacerdotes era contrario a la tradición de la Iglesia y, en su opinión, inconveniente, “incluso para estos calamitosos tiempos”. Pero no por eso la discusión terminó allí. El dominico español Juan Ludeña entabló un largo y tedioso diálogo imaginario con Calvino sobre el matrimonio y el celibato en el que reconoció que, aun cuando en las circunstancias de entonces existían buenas razones para dispensar del celibato y ordenar a varones casados, eran más fuertes las razones que desaconsejaban esa solución. Otros teólogos, como el dominico alemán Sanctes Cinthius y el franciscano italiano Lucius Anguisciolo, afirmaron, por el contrario, que asegurar la supervivencia de la fe en un país era más importante que la ley del celibato (Concilium tridentinum:… IX, pp. 446-458; 463-464, 465).
Los padres del Concilio de Trento actuaron con prudencia y sabiduría. La eliminación del celibato no habría frenado la herejía luterana. Pero el hecho que teólogos de la talla y ortodoxia de Cayetano haya propuesto la posibilidad de suspender la necesidad del celibato para situaciones y zonas geográficas determinadas, y que los padres del Concilio de Trento lo hayan discutido seriamente, muestra que no estamos meramente frente a una cuestión impuesta por los modernistas.   
Pero aparece el temor que señalábamos más arriba: ¿no se tratará de un ariete y, una vez permitida la ordenación de viri probati en la Amazonía comenzarán a reclamarla para todo el clero latino? Es una posibilidad, y una posibilidad cierta. Claro que no estoy de acuerdo, porque traería más problemas que los que solucionaría, y sobre este tema hablamos en el blog hace un tiempo y no vamos a repetirnos. 
Lo que no me parece acertado es reducir la discusión a una cuestión de modernistas. No lo es. Y, para el caso de la Amazonía, creería que sería razonable analizarlo. 

35 comentarios:

Anónimo dijo...

Estimado Wanderer:
Puede ser de su interés y de los lectores del blog este artículo del jesuita Christian Cochini donde se sostiene que el celibato eclesiástico es una tradición de origen apostólico. Entiendo que el autor desarrolló exhaustivamente el tema en una tesis doctoral.
http://www.clerus.org/clerus/dati/2002-04/05-6/Celib_sac.htm
Saludos cordiales.

Anónimo dijo...

Estimado Wanderer:
¿Por qué no habrá curas en la Amasonia? Seguramente estas monjas hacen un enorme bien y deben seguir haciéndolo, pero cómo es que en esta Iglesia "con olor a oveja" no hay sacerdotes con vocación para ejercer su ministerio en estos destinos?
Saludos

Pensador dijo...

El sacerdocio en los pueblos indígenas que son evangelizados es mas difícil de conseguir.
Las situaciones por lo general no acompañan demasiado:
A veces para los mismos habitantes, el salir de su pueblo para ser sacerdote o sacerdote misionero, implica desarraigarse de su familia y culturas, que, si bien es lo que pide el evangelio, en dichos casos el aislamiento y la tradición juegan muy en contra, sobre todo a la hora de irse por 7 o 10 años a estudiar
Como dice el post, la presencia sacerdotal en lugares de misión, por lo general es reducida, mas cuando las poblaciones están diseminadas geográfica, étnica y culturalmente. La presencia de la iglesia, la habitualidad de los sacramentos, y la figura del sacerdote tardan años en asimilarse.
En siglos anteriores, el número de sacerdotes posibilitaba empresas misioneras mas "eficaces", hoy en día la escasez de clero deriva en las complicaciones mencionadas anteriormente.

Y si wanderer, lo que falta en el mundo católico, que ya lo lamentaba Newman, es racionalidad, en el sentido de una forma de pensar católica en todos sus sentidos, que sepa distinguir bien lo bueno de lo malo, lo tradicional de lo accidental, lo peligroso de lo que no lo es, las circunstancias de la regla, etc.

Mientras tanto, los teólogos se convierten en barrabravas

Manchú dijo...

Tampoco hubo curas en el Japón durante cientos de años y no se les ocurrió ordenar monjas ni reivindicar supuestos "derechos". Mantuvieron viva la llama de la fe en condiciones mucho más extremas que la Amazonía actual sin plantearse componendas extrañas.

Anónimo dijo...

En algunas zonas del país no es que estemos mucho mejor. Por ejemplo en el departamento de Aluminé provincia de Neuquen no se cada cuanto ven un sacerdote algunos pueblos.

Kusiwakcha dijo...

Me quito el sombrero ante el artículo. Muchas gracias Wanderer. Hace nueve años estuve visitando a un compañero sacerdote en una parroquia de la Prelatura de Chuquibambilla en el Perú. Allí conocí la existencia de esta benemérita congregación, que en los tiempos de plomo del terrorismo senderista habían mantenido la lámpara de la fe asistiendo a la pobre gente de aquellos lugares tan abandonados en todo. Y ciertamente que son mujeres de piedad sólida y recia. Me contaba el párroco que las religiosas habían dejado la costumbre de celebrar el vía crucis todos los viernes de cuaresma subiendo hasta una cima por una ladera empinada, y comenzando el piadoso ejercicio a las cuatro de la madrugada, horas oscuras y con el frío de los casi 4.000 m. sobre el nivel del mar. Estas desde luego no se dedican a amargarse la vida y agostar su fe dándole vueltas a la última ocurrencia de algún o alguna progre con alguna memez de género para meterlo con calzador en la Iglesia, estas se dedican a vivir en silencio, confiando totalmente en la gracia (sólo así se puede vivir también bien como religiosa sin una atención espiritual y sacramental cotidiana), entregando de verdad la vida. Dios las bendiga y las siga colmando de sus dones.

Jerónimo Vincent dijo...

Me resulta sana la sensatez con la que ha manejado los temas.
Yo creo que la ordenación sacerdotal de diáconos permanentes es una cuestión de tiempo. La escasez de clero es cada ves mas apremiante.
Respecto del celibato sacerdotal, convengamos que cuando el cura esté casado va a salir el tema de que el cura se harte y quiera divorciarse. Y ni hablar del celibato de los obispos.
Me pareció muy interesante que trajera el tema de los Ordinariatos para ex-anglicanos. De esos testimonios podemos extraer las ventajas y las numerosas cruces que deben cargar no solamente los sacerdotes casados (que recibieron una dispensa personal en los Ordinariatos) sino sus familias.
El caso de los orientales casados es mucho mas complejo porque en muchos lugares el clero casado (históricamente la inmensa mayoría de los párrocos) a menudo tenía privilegios económicos estatales, componiendo una casta pudiente y muy educada (en Ucrania, por ejemplo). Hoy el casamiento esta circunscripto al territorio patriarcal/ arzobispal de la Iglesia particular. Recién este año el Papa autorizó a que el clero greco-católico de EEUU y Australia pueda casarse, por ejemplo, luego de décadas de ordenaciones en la cual se violaba esta prohibición.
Hay fieles que viven sin Eucaristía, confesión, sin regularización matrimonial, con hijos sin bautizar... Y no digo en Amazonia. Digo en pueblitos del Interior. Pero todavía aca es manejable. Esperemos 20 o 30 años mas, cuando estemos como España.

Walter E. Kurtz dijo...

Celebro el post en cuanto ayuda a des-dogmatizar lo que no es dogmático.

Pero aquí y ahora dudo muchísimo de las ventajas de sacerdotes casados. Más allá de cuestiones de orden espiritual, en el ámbito terreno los problemas podemos apreciarlos en la Iglesia de Inglaterra (anglicana) donde el hecho de que existan ministros casados no ha ayudado de ningún modo a levantar vuelo tras dos siglos de franca decadencia. Para el que quiera pasar revista a una lista bastante larga de los inconvenientes que presenta el instituto de ministros casados recomiendo leer la literatura inglesa para este período, desde desde Fielding o Goldsmith hasta Colin Dexter, pasando por Charles Dickens, Jane Austen, etc. Nunca el ministro y/o su mujer salen bien parados.

A todo esto habría que agregar en el mundo católico la complicación de que pasado el siglo XIX secularizador, en términos generales la única financiación que queda a la Iglesia (o que quedará en breve) es la limosna de sus fieles. Y no sé cuántos de éstos estarán dispuestos a mantener a las "esposas".

Wanderer dijo...

Estimado Coronel Kurtz, totalmente de acuerdo con usted con respecto a las desventajas de un clero casado. Al poco tiempo, los curas empujados por sus esposas estarían pidiendo al obispo que les pague un sueldo acorde con salario familiar, ayuda escolar y jubilación. Y cuando llegaran a la casa parroquial donde ya vive otro cura célibe ¿qué haría? ¿Vivir todos juntos? Y si le dan una casa parroquial para el matrimonio solamente, el cura debería escuchar los plañidos de su mujer pidiendo cambio de cortinas y muebles... En fin, caricaturizo, pero los primeros que se van a oponer a un clero casado son los obispos, porque los problemas -léase dinero, que es el único problema que les preocupa- los van a tener que afrontar ellos.
Pero creo que porque justamente no se trata de un materia dogmática, para un caso particular, geográficamente circunscrito como es el de la Amazonía,y solamente para este caso, podría considerarse la posibilidad de ordenar hombres casados, ya maduros, que se sostengan a sí mismos y a sus familias, y que los fines de semana, por ejemplo, puedan estar disponibles para las comunidades cristianas de su zona.

T. Peñaflor Saavedra y Miguens dijo...

1. Me hace ruido que las monjitas; por buenas que sean -que no lo dudo-, que puedan dar la Comunión, que sólo puden tocar manos consagradas y siendo además mujeres... Es mucho.

2. Detesto tanto al clero vaticanista, que es el que pretenderá casarse, que deseo les concedan el pedido. Así se hunden definitivamente no pudiendo ser sólo unos vagonetas piolas (si es que fuera posible hundirse más).

javcus dijo...

Wanderer @18.46:

¿Y por qué precisamente para la Amazonía? ¿No será en realidad todo el montaje una excusa para las fantasías cultural-indigenistas tipo National Geographic (donde se ve un animal en extinción y en la página siguiente, un negro) de sacerdotes indígenas para indígenas, al gusto de Hummes y sus delirios ecologistas? ¿Dónde queda la universalidad de la Iglesia Católica y la latina, ya bastante mermada con el CVII? Y no me quito de la cabeza que es en realidad un caballo de Troya. para extenderlo al resto.

Cuando me hablan de «inculturaciones», que si choques culturales y gilipolleces por el estilo siempre me acuerdo de que mi abuelo comentaba que su profesor de matemáticas en el colegio de los jesuitas de Madrid, en la época de Alfonso XIII y Primo de Rivera, era sioux («El Piel Roja» lo llamaban los chavales, y bien tiesos debían de atender en clase, no fuera que sacara el tomahawk). Toro Sentado era católico y hay fotos de los años 50 de sioux endomingados con sus mejores plumajes recibiendo la comunión en una misa normal de las de antes, arrodillados y en la boca.

Tratan a la Amazonía como si fuese una reserva de animales y no seres humanos: es una especie de racismo, pero al revés. Otra cosa es que maleen a los indios, pero no será porque los brasileños sean católicos, sino porque son unos de los pueblos más hedonistas de la Tierra, o sea, todo lo contrario. Y antes, como portugueses, unos negreros. Iberoamérica (y España también) empezó a ir de mal en peor con el liberalismo masónico.

Conviene repasar cómo estaba el clero en Castilla antes de Isabel la Católica y el cardenal Cisneros: no había curas casados, pero sí muchos abarraganados; en Vascongadas hasta tenían que tener barragana para que los maridos dejasen confesarse a sus mujeres; y en la corte de Enrique IV hasta se hacían concursos de blasfemias. La reforma de Cisneros fue tan bien para la salud espiritual del clero, que estaba relajadísimo, que influyó en Trento, y por desgracia no se hizo en Alemania y salió lo que salió. Desgraciadamente Cisneros no pudo meter mano a las órdenes por falta de competencia, y creo que en este blog se comentó que fue el motivo de que los reyes de España no fomentaran las órdenes contemplativas en América y su déficit actual: falta de monasterios benedictinos, cistercienses, etc.

También consolidaría la «funcionarización» desmesurada del clero, y no pocos nepotismos: enchufar a los hijos, como en Alemania en la época de la Luterada. Si ahora, que en principio son célibes, en Alemania las parroquias funcionan como empresas (reuniones, planes, hasta los diáconos permanentes están sindicados), no quiero ni pensar cuando les dejen estar casados. Para enterarse de cómo funciona internamente la diócesis de Aquisgrán, por ejemplo, recomiendo este testimonio de un sacerdote español destinado alla. Es demencial:

«¿Por qué la rica Iglesia alemana, casi sin fe, está al borde del colapso»
https://www.religionenlibertad.com/movil/articulo_rel.asp?idarticulo=63240

Hay muchísimas más razones (disponibilidad sobre todo), pero conviene tener en cuenta también la advertencia de Sta. Brígida:

«Cuando santa Brígida de Suecia, +1373, estuvo en Nápoles (Italia), como consejera del arzobispo Bernardo de Nápoles, en alguna oportunidad hablaron sobre los sacerdotes que viven con concubinas. El arzobispo Bernardo argumentó que, si él fuera Papa, aboliría el celibato para evitar esos escándalos.

»Santa Brígida le replicó que la Virgen le dijo [Revelaciones, Libro 7, Capítulo 10)] que un Papa que aboliera el celibato sacerdotal “sería totalmente privado por Dios de su visión y audición espirituales” y “su sabiduría espiritual se volvería totalmente fría”.

»La Virgen agregó que “después de su muerte, su alma sería arrojada para ser torturada eternamente en el infierno, donde se convertiría permanentemente y sin fin en alimento de los demonios”».

No sé si Francisco tiene noticia de esto, pero total, ¡qué mas da! Al infierno te pueden envíar sólo una vez.

Jorge Rodríguez dijo...

Habría que preguntarse para qué misionar en la Amazonía. SI los nativos se pueden salvar perfectamente con sus creencias, siendo cada uno un buen idólatra que dé de comer y eduque a sus hijos no necesitan para nada que los evangelicen.

Anónimo dijo...

Hay una cuestión poco frecuentada en esto del celibato sacerdotal, que es la estrictamente religiosa. Cristo fue célibe "por amor al Reino", como Él mismo dió a entender. El sacerdote, otro Cristo en la tierra, debe imitar al Supremo Sacerdote en todo lo que pueda.
Tal el origen del celibato latino: la más perfecta configuración a Cristo.
Las traiciones, por muchas que fueran, ni las necesidades, por insalvables que parezcan, pueden contra este argumento definitivo e innegable.
Cierto que dicha configuración, en especial en lo tocante al celibato, se ha realizado paulatinamente en la historia y con notables diferencias geográficas y culturales, pero es la Iglesia Latina la que da razón de su existencia y necesidad, no menos que de su condición tradicional desde los tiempos apostólicos.
Veo pues peligrosos los argumentos fundados en necesidades circunstanciales aunque, de hecho, comparto el análisis del artículo; en todo caso, una cierta perfección alcanzada no debería abandonarse sin más, sino acaso hacerse más vívida y profunda. Y eso es propiamente el ámbito de la Fe.
Si volvemos al terreno pedestre de las necesidades, no deberíamos dejar en el tintero lo atractivo que es para miles de jóvenes el sacerdocio tradicional, en auge permanente pese a los humanos avatares a que se ve sujeto en un mundo que lo detesta, y cuán desesperante e insuficiente resulta el "sacerdocio moderno" -como le oí llamar a alguien la formación moderna, o modernista- lo cual nos lleva nuevamente al punto de partida: La imitación de Cristo como modelo insuperable para todo sacerdocio.
Es Dios el que llama obreros a la mies, no los obispos, ni el Papa, ni tal o cual Seminario; y no se incrementará pagando jubilaciones, asignaciones por matrimonio o hijos o aire acondicionado gratis, sino observando la voluntad divina, ejemplificada excelsamente en Cristo. Sin eso, es vano todo, como recuerda el Salmista: Nisi Dominus ædificaverit domum in vanum laboraverunt qui ædificant.
Cierto. El CVII quiso recurrir a la fuerza de los hombres para edificar el Reino de Dios. Y fracasó, que sepamos.
Ath.

Anónimo dijo...

¿Y quien dice que un sacerdote que no lleve un celibato honesto vaya a ser un esposo amante y honesto?

Anónimo dijo...


Palabra de Dios.

"Fiel es esta palabra: si alguno desea el episcopado, buena obra desea. Mas es necesario que el obispo sea irreprensible, marido de una sola mujer, sobrio, prudente, modesto, hospitalario, capaz de enseñar; no dado al vino, no violento sino moderado; no pendenciero, no codicioso, que sepa gobernar bien su propia casa, que tenga sus hijos en sumisión con toda decencia; (pues si uno no sabe gobernar su propia casa, ¿cómo podrá cuidar de la Iglesia de Dios?); no neófito, no sea que (hinchado), venga a caer en el juicio del diablo. Debe, además, tener buena reputación de parte de los de afuera, para que no sea infamado ni caiga en algún lazo del diablo".

I Timoteo 3, 1-7.

Prestemos atención a todas las cualidades que deben acompañar a la persona del obispo. ¿Les parece que alguno se ajusta a ellas?. ¿Por qué tanta atención al tema del celibato y tan poca a las demás condiciones?.

Âνδρέας dijo...

¿De cuántos Padres de la Iglesia se sabe que tuvieran mujer e hijos?
Digo, ya que hablamos de la Iglesia primitiva...

Anónimo dijo...

Estimado Wanderer, mui buena reflexión. Lo que la gente no entiende son las intenciones por detrás de la quenstión de la Amazonia. Más un intento de modernización de la Iglesia, nada que ver con el deseo de evangelización, sino de cambios destructivos y la introducción de curas casados, y después de la Amazonia, estender en otras diócesis por el mundo.
La cumbre de la Iglesia bien sabe que esta experiencia no produce buenos frutos, basta ver la experiencia en San Cristóbal de las Casas (México) en que los datos dicen más sobre la vertiginosa huída de católicos de la Iglesia con este intento. Vean en https://denzingerbergoglio.com/2016/04/25/monsenor-samuel-ruiz-por-los-frutos-se-conoce-el-arbol-lo-sabra-francisco. Esperen y veerán.

Wanderer dijo...

Andreas, no conozco a ningún Padre de la Iglesia casado. Tenga en cuenta, sin embargo, que nadie está pidiendo que los viri probati que eventualmente fueran ordenados para atender exclusivamente el territorio de la Amazonía, sean Padres de la Iglesia. Ni si quiera que sean teólogos. Basta con que puedan absolver los pecados, dar la extremaunción y celebrar la misa.
En la época de los Padres, habían muchos sacerdotes casados que no eran sabios: simplemente, eran ministros del culto.

Âνδρέας dijo...

Estimado Wanderer, sé que en la época de los Padres había sacerdotes casados. ¿No escribió San Pablo aquello de que el obispo sea hombre de una sola mujer?
Mi punto es que muchos, con este tema tanto como con otros, sólo hacen arqueologismo arbitrario. Porque sin duda, si miráramos al pasado para encontrar ejemplos, no los buscaríamos en el clero casado inculto, sino en aquellos que merecieron el título de Padres de la Iglesia. Se supone que ellos fueron los mejores imitadores del Supremo Modelo, que es Jesucristo, ¿no?
Con esto no pretendo dogmatizar el tema del celibato, que quede claro. Pero no creo que los viri probati sean solución a nada, menos en los tiempos que corren.

Anónimo dijo...

Estimado: Las distinciones q ud hace en el artículo son muy buenas. Sin embargo, acerca del celibato sacerdotal, se han esgrimido dos tipos de argumentos secundarios: el práctico (podría solucionar una necesidad), y el de los antecedentes históricos (el oriental y los ordinariatos anglicanos). Falta aclarar algo de lo que se ha hablado poco y mal: La esencia del celibato sacerdotal, el cual, si bien no es absolutamente necesario para el sacramento del Orden, es un accidente que hace al bene esse del sacerdocio, fundada su importancia en la configuración ontológica del ordenado con Crsito Sacerdote y Víctima, a su vez Virgen y Esposo de la Iglesia. Esta configuración con Cristo Esposo Crucificado y fiel de la Iglesia se manifiesta plenamente en la celebración de la Santa Misa, donde el Altar es lugar del Sacrificio y del desposorio entre Cristo, con quien el ministro se identifica, y la Iglesia.
Por estas razones el celibato sacerdotal fue adoptado en la Iglesia desde los tiempos apostólicos, siendo la disciplina común y primitiva que sería abolida con argumentos falaces por el cismático concilio Trullano.
Eto está bien estudiado por el Card. Alfons M. Stickler "EL CELIBATO ECLESIÁSTICO. SU HISTORIA Y SUS FUNDAMENTOS TEOLÓGICOS" donde demuestra que la disciplina del sacerdocio casado no es la primitiva sino la sismática.
Ese es el argumento principal en la discusión sobre el celibato. El teológico, no la conveniencia (maldito pensamiento peronista)
Además, son interesantes las refutaciones que hicieron los obispos orientales en defensa del celibato durante las discusiones del sínodo sobre la Eucaristía (2005 creo. Muchos de ellos, aunque no lo tienen por dsciplina común (Si para los monjes), lo tienen en gran estima.
Por último, es claro que el objetivo es no la Amazonia, sino la destrucción del celibato en toda la Iglesia Latina.
Atte:
Eugenio Court Donelly

PD. Hablando desde el puro pragmatismo: ¿No es más fácil crear una congregación misionera fervorosa y bien formada que misione Amazonia que andar buscando soluciones estúpidas? De donde van a sacar los viri probatti en un territorio así? ¿llevar adelante una misión los fines de semana? Eso es no hablar de atrás de un escritorio. Eso no se puede hacer en una parroqua rural de la Argentina, mucho menos en la selva

Celibato sacerdotal 1 dijo...

Para la Iglesia Católica Latina, San Juan Pablo II dejó claro que el sacerdote debe de ser célibe, no por virtud del Sacramento del Orden, sino porque sigue a Jesús, y si Él fue célibe, también debe de serlo el sacerdote, y para este momento histórico, la Iglesia Católica de Rito Latino ya puede pedir que sus presbíteros sean célibes obligatoriamente, igualándolos a los obispos.


- Audiencia de San Juan Pablo II, de 17 de julio de 1993, sobre el celibato sacerdotal

Los 12 puntos básicos de San Juan Pablo II sobre el celibato sacerdotal obligatorio:

1. Jesús declara la renuncia al matrimonio de los sacerdotes y obispos por el Reino de los Cielos:

"Hay eunucos que se hicieron tales a sí mismos por el reino de los cielos" (Mt 19).

2. Consagración total a Cristo, a través de la virginidad o celibato por amor del Reino de los Cielos

3. Adhesión y unión plena a Cristo, a quien se ama y sirve con un corazón indiviso (1 Co 7)

4. Para servir sin obstáculos al Reino de Dios

5. Plena y libre entrega y disponibilidad completa e integral al servicio del Reino de Cristo, de la Iglesia y de la Humanidad

6. Plena realización del Amor “esponsal” a la Comunidad, amor entendido como acto de la voluntad (y no como acto del sentimiento). El sacerdote desea todo lo bueno para el prójimo: la salvación de su alma (San Pablo: el amor es paciente y bondadoso, se alegra en la verdad...)

7. Recuerdo del misterioso Matrimonio por el que la Iglesia tiene por único Esposo a Cristo

8. Opción más exclusiva para tener Fecundidad espiritual y para recibir la Paternidad en Cristo (1 Co 4)

9. Signo vivo de aquel mundo futuro donde los resucitados no tomarán ni marido ni mujer (Catecismo, 1579)

10. Vida más semejante a la vida definitiva del más allá y vida más ejemplar para la vida de aquí

11. Desafío directo y abierto lanzado por la Iglesia contra las tendencias, modas, mentalidades y seducciones del mundo actual

12. La consagración total tiene su razón de existir, subsistir y perfeccionarse con una voluntad cada vez más renovada de coherencia y de fidelidad al ideal evangélico de Cristo

w2.vatican.va/content/john-paul-ii/es/audiences/1993/documents/hf_jp-ii_aud_19930717.html

Celibato sacerdotal 2 dijo...

--- Otra de las fuentes de la obligación del celibato sacerdotal, así como del Sacramento del Orden reservado en exclusiva al hombre, y que no está contenida en la Audiencia de Juan Pablo II, proviene del Evangelio de San Mateo 8, 20:

"Las raposas tienen madrigueras y las aves del cielo nidos, pero el Hijo del Hombre no tiene donde reclinar la cabeza (caput reclinet)".

"Reclinar la cabeza" sería un eufemismo de que Jesús "carece de mujer", pues Jesús está casado con su Iglesia, su legítima Esposa, de la cual, además, es su Cabeza. La cabeza de Jesús reposa sólo y únicamente en su Santa Esposa, la Iglesia, y en sus hijos, los fieles, que necesitamos de Jesús-Eucaristía.

.......

--- Otra justificación, en adelantelafe.com/el-celibato-eclesiastico: el celibato sacerdotal en la Iglesia Latina es conveniente, necesario e irrenunciable:

"Los varones que han acogido el Evangelio de Cristo han comprendido desde el inicio la exigencia del Maestro a sus Apóstoles de deber renunciar por el reino de los Cielos también al matrimonio (Mt., 19, 12) y que, como discípulos en sentido estricto y pleno, deben dejar también padre, madre, esposa, hijos, hermano y hermana (Lc., 18, 29; 14, 26). Se comprende también la palabra de san Pablo acerca de la relación distinta con Dios por parte de célibes y casados (1 Cor., 7, 32-33) y su significado para el celibato eclesiástico."

.......

--- En un primer momento histórico, Jesús sabía que la Iglesia no podía soportar el sacerdocio celibatario obligatorio.

San Pedro, el primer Papa, estaba casado y tenía una hija, Petronila.

Y habían incluso obispos casados en un principio: San Paulino, obispo de Nola, San Hilario, obispo de Poitiers y San Gregorio, obispo de Nissa.

Fue con Trento cuando se llegó a la plena conciencia del celibato sacerdotal obligatorio, y lo mismo para con muchos sacramentos: de ahí la grandeza de Trento, que fijó muchas verdades de la Iglesia que hasta entonces estaban desorganizadas, al igual que su gobierno y administración.

Martin Ellingham dijo...

Muy de acuerdo con esta entrada de W.

No parece conveniente que la disciplina occidental universal sobre el celibato sacerdotal deba modificarse para hacerla idéntica a la oriental. Por las razones que se han dado en los comentarios y en otra entrada de este mismo blog.

Pero no deja de ser cierto que el Matrimonio no es óbice al sacramento del Orden.

Sobre la disciplina oriental, que tiene siglos de tradición y sobre el pensamiento de Santo Tomás recomiendo:

https://info-caotica.blogspot.com.ar/search/label/CELIBATO

Saludos.

Jordi dijo...

De acuerdo con Javcus. El problema que observo en Amazonas es que la Iglesia Católica retrocede hasta sus inicios primitivos, sin ninguna justificación teológica, tanto para los laicos sacerdotes viri probati (ancianos casados), como para las diaconisas "ginecolitas".

1. La restricción geográfica al Amazonas es una excusa para extenderlo, posteriormente, para toda la Iglesia, para cualquier ámbito geográfico donde exista escasez de vocaciones y sacerdotes.

2. Los laicos sacerdotes viri probati amazónicos serán ancianos y casados, para una tribu o comunidad concreta, para hacer misa, confesar y extremaunciar. Por estar casados, no podrán ser obispos, y por su escasa formación, experiencia y limitación territorial, no tendrán acceso a los cargos eclesiales, que sí tendrán los sacerdotes célibes. Por ser laicos, ancianos y casados, significa que no cobrarán sueldo ni pensión de la Iglesia, al cobrar uno procedente de su trabajo. Al estar casado, no entrarán en la residencia geriátrica porque su esposa lo cuidará. Todo indica que este "sacerdote especial" es más bien un ahorro económico que no una preocupación espiritual.

3. Las diaconisas "ginecolitas" las observo como un ariete para los sacerdotes casados. En efecto, al entrar las mujeres en los cargos y oficios eclesiales, y al estar en los centros de toma de decisiones, se compartirá especio entre hombres "célibes" y mujeres, lo que puede dar origen a problemas de matrimonio o de concupiscencia. La Tradición de la Iglesia ha sido siempre cerrar a cal y canto los espacios reservados para los ministros del Orden, tal como NO existen órdenes y congregaciones mixtas masculinas y femeninas y SÍ órdenes y congregaciones separadas por sexos, experiencia que se hizo en Barcelona y acabó mal.

4. La diaconisa "ginecolita" nunca pertenecerá al Sacramento del Orden, pues éste está reservado exclusivamente al hombre, célibe para obispos siempre, célibe para los presbíteros de la Iglesia Latina, y que puede ser casado para el diaconado y también entre los presbíteros de la Iglesia Católica Oriental, así como entre los diferentes ordinariatos para protestantes y anglicanos.

Jordi dijo...

Estoy de acuerdo con el sentir general de algunos comentaristas: en la Santa Misa, se debería de volver a la Misa de Trento, y eliminar, o restringir en lo máximo posible, la presencia de la mujer y de los laicos en el desarrollo de la Santa Misa: el presbiterio del Altar y las funciones del Sacerdote ya han sido profanadas en demasía durante estos 50 años de misa postconciliar, lo que implica, ya, ¡Reforma de la reforma!

Y también se deberían de eliminar todos los nuevos cánones que han surgido para la Santa Misa desde 1969, dejándolos en un único Canon.

Dudo que los Padres Conciliares del Vaticano II tuvieran en la mente que todas sus reformas corrompieran el Culto católico, hasta el punto de permitir todos los abusos y delitos litúrgicos modernos.

En esta noticia, se observa la corrupción a que han llegado algunos supuestos consagrados católicos: Kasper dice que los luteranos pueden comulgar porque los católicos no entienden la transubstanciación.

https://infovaticana.com/2018/04/25/cardenal-kasper-los-luteranos-no-necesita-creer-la-transubstanciacion-comulgar/

Anónimo dijo...

Martin Ellingham, en la Iglesia Católica Oriental, y también en la Iglesia Ortodoxa (cuando ingrese en la Iglesia Católica), acabarán pidiendo el celibato obligatorio para sus sacerdotes.

La verdad, por lo que vi en Rumanía, algunos sacerdotes jóvenes se casan con chicas bien guapas: no me parecía bien, pues indicaba un sacerdote dividido entre su esposa y su otra Esposa, la comunidad parroquial a que debe de servir. Por otro lado, necesitan una esposa especial, es decir, que acepte todas las limitaciones que implica ser cónyuge de un presbítero.

Además, sé que para la Iglesia rumana, debe de afrontar muchos gastos y limitaciones pastorales para con sus curas casados, sobre todo por las exigencias de la vida moderna: escuela (no se puede cambiar a los niños de escuela cada dos por tres, vestidos, alimentación, universidad...

Por otra parte, estos curas casados tienen vetado el acceso al episcopado, por lo que son los religiosos los que suelen ser obispos, una anomalía, pues carecen de experiencia parroquial.

Aquí en Occidente, el sacerdote casado sería fuente de herejías, desobediencias y escándalos permanentes: curas divorciados y recasados en adulterio, curas que usan preservativos, curas que obligan a abortar a su esposa, curas que practican el antinatalismo, curas que congelan los embriones de sus hijos, curas que eutanasían o abortan a sus hijos, curas que practican la reproducción artificial... seria una eclesiocatástrofe, y lo mismo para los sacerdotes viri probati, y más aún con la tentación de las ginecolitas...

Anónimo dijo...

"Estimado Wanderer, sé que en la época de los Padres había sacerdotes casados. ¿No escribió San Pablo aquello de que el obispo sea hombre de una sola mujer?"

Cierto, Pedro y los primeros obispos estaban casados, pero esto era en el principio, cuando históricamente el varón, por diversas cuestiones, no podría haber resistido un celibato obligatorio permanente, de acto y de corazón.

En la Iglesia Latina, sólo hasta Trento se llegó a la conciencia de la plena identificación entre el varón presbítero y el Eterno, Único y Santo Sacerdote, Jesús, única fuente del sacerdocio.

De otro lado, por razones obvias, se pidió que el varón presbítero y obispo estuvieran solteros, célibes, castos y continentes, para evitar la creación de "Familias Dinásticas" presbiteriales y episcopales, evitando que las parroquias y diócesis acabaran acaparadas por una o pocas familias: monopolio u oligopolio sacerdotal y episcopal en sagas y dinastías semper et pro semper.

Por eso es una carga explosiva el retroceso hacia un sacerdote casado con las ginecolitas: unas pocas familias ocuparían todas las parroquias y la diócesis de un lugar generación tras generación. Hasta llegar al cardenalato y papado. Si es bueno, bien, pero si es una saga de herejes e hipócritas, malo...

EL PRESTE JUAN dijo...

Estimado Wanderer: desde antes del lapsus de tiempo en que estuvo el blog cerrado quiero hacerle, y por fin lo hago ahora, una encarecida súplic: ¡agrande el tipo de letra, por favor! Me estoy quedando ciego intentando leer en la tablet el blog y aún más los comentarios. No es cuestión de agrandar la pantalla, ni de promover aumento de las fuentes de internet. No. Es cosa de su blog. Cosa que no sucede con ninguno de los muchos que leo.
Por favor!

javcus dijo...

Jordi:

Confirmado: «Por si estabas dudando que el Sínodo para la Amazonía está pilotado: El obispo de Osnabrück, Alemania, espera que si se aprueba la ordenación de hombres casados los obispos alemanes pedirán lo mismo».

https://secretummeummihi.blogspot.com/2018/04/por-si-estabas-dudando-que-el-sinodo.html

Silvia. dijo...

Coincido con el anónimo del 25 de abril de 2018, 2:21 .
Además, varios sacerdotes ex anglicanos se dieron cuenta de que estarían mejor si estuvieran totalmente dedicados a su sacerdocio.

Martin Ellingham dijo...

Anónimo 16:34:
Dudo mucho de que las iglesias orientales acaben pidiendo celibato obligatorio para todo su clero. Para ellos, la tradición secular -aunque no sea Tradición- pesa mucho.
Saludos.

Anónimo dijo...

"... por lo que son los religiosos los que suelen ser obispos, una anomalía, pues carecen de experiencia parroquial."

¿Usted sabe quiénes fueron los primeros obispos de Buenos aires?
https://es.wikipedia.org/wiki/Arquidi%C3%B3cesis_de_Buenos_Aires#Obispos_(1620-1865)
¿Sabe quien fue obispo de 9 de julio hasta hace un par de años? ¿Sabe quienes son los cardenales arzobispos de Boston y de Viena?
¿Sabe que hay 6 arzobispos y 19 obispos benedictinos vivos en la Iglesia católica?
http://www.osb.org/intl/confed/bishops.html
http://www.gcatholic.org/hierarchy/cardinals-orders.htm

Por favor, antes de decir tonterías, infórmese. Googlee un poco. La experiencia parroquial no es ningún requisito para el episcopado. Es mas, hasta parece ser filtro....

Juan María dijo...

En la Cristiandad oriental tanto los ministros célibes como los monjes (enclaustrados o exclaustrados) pueden acceder al Obispado. Puede haber incluso diaconos patriarcales/ archidiaconos que son ordenados obispos en pocos días para ser destinados inmediatamente a una eparquía. Es el caso del Arzobispo metropolitano (ortodoxo) Tarasios de Buenos Aires, por ejemplo.
No se puede comparar la mecanica de sacerdote casado, monje y obispo en las Iglesias (ortodoxas) de Oriente porque siguen una eclesiología totalmente diferente, con un fundamento diferente. A un sacerdote elegido por el Sínodo para ser obispo puede serle concedido el habito monastico y ser ordenado inmediatamente al episcopado. También hay cantidad de sacerdotes célibes que hacen votos monasticos y son parrocos/ rectores, como el hieromonje parroco de la catedral de La Anunciación (Patriarcado de Moscú).
El Obispo es en la Iglesia de Oriente el Cristo. Por eso es célibe y sigue generalmente el camino de mayor perfección cristiana, que es el monastico. El sacerdote es mas bien una suerte de delegado del Obispo, un colaborador en el ministerio. Por eso se permite que se case, tenga una familia y sea un ejemplo de "Iglesia doméstica" en la comunidad cristiana. Sus hijos seran servidores y cantores en la Divina Liturgia, y los esposos serviran ademas como consejeros matrimoniales.
Muy diferente a como se vive en Occidente, incluso en la importancia dada a los monasterios y a los maestros espirituales.

javcus dijo...

Hablando de obispos, espero que no se consume esta maldad misericordeante de refinado sadismo: patada ipso facto a Aguer y Trucho en su lugar.


«Tucho Fernández sería nuevo arzobispo de La Plata Señalamos hace pocos días su renuncia como rector de la Universidad Ca...»
https://secretummeummihi.blogspot.com/2018/04/tucho-fernandez-seria-nuevo-arzobispo.html

Anónimo dijo...

Santiago Apóstol era célibe; igual lo era el "discípulo amado", Juan (a pesar de los modernistas que han llegado a negar su existencia misma) y el propio Pablo de Tarso lo era.
No es casualidad, sino mayor o menor estrictez en el seguimiento de los consejos evangélicos. Parecería que la mayor parte de los Padres Apostólicos, sino todos, fueron célibes, como obsequio a una tradición cuyo comienzo había tenido lugar con Cristo en Persona.
Los grandes santos, presbíteros o religiosos, fueron célibes; por lo menos, durante su vida religiosa. Porque no se trata de una discusión sobre las excelencias del matrimonio o su carácter deleznable -argumento propio del protestantismo- sino, lo reitero, del seguimiento incondicional de Cristo por parte de quienes son llamados a esa misión; y de Cristo crucificado. El llamado, que lo hace Dios y no la Iglesia, que simplemente lo bendice y consolida con el Sacramento del Orden, procura las gracias necesarias para una dedicación total a esta particularísima misión del Cielo.
Lo que significa que hay razones escriturísticas, históricas y teológicas que abonan el celibato sacerdotal.
¿No es todo esto suficiente testimonio de la voluntad divina?
No quita esto que no existan además, fundamentos o razones meramente humanas para recomendarlo, pero serían extravagantes cuando la razón suprema es la voluntad divina. Y oírlas daría también lugar a discutirlo, y sería un menoscabo de las más elevadas razones que lo aconsejan. Así sería religiosamente "disfuncional".
Por fin, no queda sino manifestar que encarar el problema vocacional desde el punto de vista de la comodidad meramente mundana de los sacerdotes -se parte de la suposición de que, si se les permite casarse o ser casados, muchos acudirían al sacerdocio- es perder absolutamente la perspectiva teológica, esto es, que se trata de un llamado de Dios y no de una mera disposición humana.
Ath.