lunes, 15 de mayo de 2017

Parábola del General y el Tirano



Érase una vez un pequeño país poblado por clanes más o menos dispersos y más o menos enemistados entre sí. Otro país vecino, mucho más grande, poderoso y organizado, invadió y ocupó un extenso territorio que pertenecía al país pequeño y por el que éste sentía particular afecto. Todos los habitantes alzaron su voz contra la injusticia y exigieron la devolución de lo que les pertenecía. Pero no tenían ejército para contrarrestar la invasión, el escaso número de habitantes, las distancias y desacuerdos que los separaban impedían cualquier estrategia militar más o menos consistente y, sobre todo, no tenían un líder o caudillo que los aglutinara. Solamente había dos o tres coroneles muy ancianos que apenas si podían con sus huesos, y un general honesto y patriota pero con un gravísimo problema: no tenía ejército que comandar. Todos los pobladores guardaban mucho respeto y afecto por el general, que solía pasearse con su uniforme de gala azul, charreteras doradas, sombrero emplumado y el pecho cubierto de medallas. Cuando esto ocurría, todos salían a la calle a deleitarse con la visión, a recordar viejas glorias y a aplaudir al general. Pero terminado el desfile, cada cual volvía a sus ocupaciones y a la dolorosa conciencia de que nada podían hacer militarmente frente al poderoso invasor.
Algunos jefes de clanes, sin embargo, mantenían el objetivo claro: recuperar el territorio que les había sido usurpado, y pensaban que la estrategia no debía ser la militar, que estaba condenada al fracaso, sino otra: aprovechando los numerosos huecos que tenía la frontera, proponían visitar el territorio invadido, hablar con sus habitantes y sus pequeños jefes, recordarles que estaban en poder de una fuerza enemiga y sugerirles que, poco a poco, fueran organizando enclaves o zonas más o menos liberadas, en las que el idioma, las comidas y las danzas originales pudieran ser nuevamente practicadas con libertad, sabiendo que el invasor no prestaría atención ni se molestaría en reprimirlas. Sabían que con esta estrategia no recuperarían la totalidad del territorio perdido, pero mantendrían allí la cultura, muchos perseguidos o extraviados encontrarían un lugar donde refugiarse y, cuando el tirano muriera y los tiempos cambiaran, sería mucho más fácil lograr el objetivo que las tierras invadidas volvieran a la patria.
Sin embargo, algo ocurrió. El general, mal aconsejado por un sabihondo, decidió un día vestir su uniforme de gala y caminar junto a los ancianos coroneles en medio de una escolta de cuatro o cinco alabarderos vestidos  de libreas, hasta la plaza de la ciudad principal, y desde allí lanzar una aguerrida proclama contra el tirano invasor, exigiendo que, si no se retiraba de algunos territorios conquistados, él mismo con sus fuerzas militares, lo expulsaría. Todos los habitantes del país lo aclamaron y aplaudieron durante un buen rato, y luego regresaron a sus ocupaciones, mientras el general siguió paseándose por el país con su uniforme azul y dorado, aunque sin los coroneles que ya habían regresado a sus casas a calzarse las pantuflas y a alimentar las palomas.
La asonada del general fue comentada en los diferentes clanes del país, y aquí y allá se reunieron pequeños grupos de habitantes que gritaron, aplaudieron, lanzaron vivas al general y mueras al tirano invasor. Los jefes de los clanes, sin embargo, eran más cautos. Sabían que el general no lograría nada sencillamente porque no tenía ni los hombres, ni la fuerza ni la formación militar para una empresa de esas características y, aunque el pecho se les llenaba de orgullo patriótico y nostalgia cuando lo veían caminar con su reluciente uniforme leyendo sus proclamas, eran conscientes de que con eso no se alcanzaría nunca el objetivo de recobrar el territorio invadido. Por eso mismo, veían con cierta inquietud que el sabihondo consejero se paseara recorriendo el país y soliviantando con sus argumentos a dos o tres caudillos por aquí, y dos o tres poblados por allá, los que también lanzaban proclamas contra el país invasor.

Las noticias de estos sucesos llegaron pronto a la capital del gran país, y en el palacio real el tirano se destornillaba de risa cuando le relataban las amenazas que el general en uniforme de gala y los caudillejos lanzaban contra él, mientras cortaba con sus dedos un trozo de cerdo asado y engullía cuatro o cinco granos de uvas. 
El tirano era muy hábil y sabía que podía sacar partido de la situación. Ordenó entonces reprimir a los enclaves más importantes y representativos del territorio invadido donde se mantenía la cultura original y pasó a degüello a sus líderes. A la vez, mandó a alguno de sus agentes a que se reunieran en secreto con el sabihondo y le ofrecieran una buena recompensa a cambio de continuar instigando al general y a los emires del país pequeño a lanzar proclamas y organizar pequeñas escaramuzas que sabía de antemano que no tendrán ningún resultado y le brindarían la posibilidad de quedarse con la cabeza de alguno de sus enemigos más odiados.
Pasaron los años, y hoy la situación es la siguiente:
El territorio conquistado sigue en manos del tirano enemigo. Son muy pocos los enclaves en los que se conserva la cultura y casi inexistentes los jefes naturales de las poblaciones invadidas que se animan a permitir que en sus territorios se hable la lengua, se coman las comidas y se bailen las danzas originales porque temen ser degollados. 
En el país pequeño, los coroneles ya no salen de sus casas, pero el general se sigue paseando con su uniforme y sus medallas aunque con menos frecuencia. El sabihondo, por su parte, continúa con sus labor de redactar pregones y arengas contra el tirano invasor que algún que otro caudillejo se anima a leer de vez en cuando. Nunca han producido otro resultado más que carcajadas en el palacio real y trabajo extra para el verdugo del reino.
Los jefes de los clanes están tristes. Saben que el objetivo se ha perdido o, al menos, está mucho más lejano de lo que estaba el día en que al general se le ocurrió comenzar con sus proclamas. Son conscientes de que, si en silencio y discreción, hubiesen seguido alimentado los enclaves y convenciendo a los emires de los pueblos del territorio invadido, allí los habitantes aún hablarían su lengua, cocerían sus comidas y bailarían sus danzas. 

35 comentarios:

Cadete dijo...

R de M es el sabihondo?

Anónimo dijo...

No se si se refiere a Burke, a la Orden de Malta, a Caponnetto o a todos ellos...
Hilbert

el gavilán pollero dijo...

Las parábola se ajusta a la realidad.
Tal vez la única diferencia sea que no se trata de ejércitos, pistolas y balas, sino de otro modo de imponerse.
Esto hace que el evitar que el Tirano se imponga sea, según el caso, imposible o sumamente simple.
De allí la inmensa importancia de permanecer en la imperfecta comunión, lo que ha demostrado ser una eficacísima solución.
Los que optaron por esta opción, ayer y hoy hablan su lengua, cocinan sus comidas y bailan sus danzas.
A qué punto resultó eficaz, que se han podido reír y han podido reprender al Tirano sin que éste se vea afectado, pero, también, sin que hacerlo les afecte en nada.
Diferente es el caso cuando la lucha es con bombas y balas, mas sin ellas, el Tirano es pan comido mientras no se cometa el único error letal: aceptar la mano que tiende.

Anónimo dijo...

La parábola tiene un problema el país pequeño no fue invadido, su gobierno fue tomado y el tirano convence a sus habitantes que siguen viviendo en el país pequeño a pesar que sus costumbres se han transformado en los del país grande.

Anónimo dijo...

Buen punto.
Me hizo recordar el final de una película que se llama " Mi Nombre es Nadie".
Creo que humildad y paciencia recomendaban en casos como estos.
Qué desastres causa la soberbia.

Anónimo dijo...


El " Otro país vecino, mucho más grande, poderoso y organizado .."

no sera ese minúsculo de 44 hectáreas ...?

Francisco Javier Rosaz dijo...

Viéndolo así. ¿No piensa que lo de Lefebre fue un error?

Tal vez si hubiera sido menos tira bombas, la cosa estaría mejor hoy.

Anónimo dijo...

No obstante, hay algunos refranes para el caso: «no hay mal que cien años dure» y «quien ríe el último ríe mejor». Los imperios más fuertes han caído; y más cercano en el tiempo, las sólidas dictaduras comunistas europeas, también.

La dictadura y la colonización ideológica de su parábola también caerán, y en este caso con más razón, porque hay ámbitos en los que el mal no prevalecerá.

Anónimo dijo...

No estoy de acuerdo con el post.

Eso debieron pensar en el Vaticano II y aquí estamos, en la apostasía general.

Eso sin contar los millones de almas que se quedan por el camino.

Saludos, Capitan Ryder

Lefe Estepario dijo...

Monseñor Lefebvre actuó con prudencia y respeto pero también con firmeza. Algo que se lo podría reprochar –y a los tradis de su época- fue un mimetismo innecesario y a veces nocivo con grupos sociales y políticos que no necesariamente eran amigos por ser anticomunistas: ultraderecha o neofascistas en Europa, dictadores militares en América, etc.
Actualmente creo que la parábola aplica casi a la perfección a algunos “neo tradis” recién conversos y a los “resistentes” al uso williamsoniano, que priman su pose de caballeros defensores de la fe antes que cualquier otra consideración sobrenatural. Pareciera que piensan y actúan con una actitud ególatra, como si el futuro de la Iglesia dependiera de ellos y solo de ellos, como si pudieran corregir a la Divina Providencia.

Wanderer dijo...

Sr. Rosaz, su pregunta es de lo más interesante y más de una vez la he discutido con amigos.
Si nos ceñimos a lo que ocurrió, que es lo único real, encuentro una diferencia importante con el General de la fábula: Mons. Lefebvre tenia detrás un ejército-quizás pequeño, quizás desorganizado-, pero que le respondió y dio batalla, y conquistó enclaves.
¿Qué hubiese pasado si, como usted dice, no hubiese sido "tan tirabombas"? Aquí entramos en lo contrafáctico, y cualquier respuesta no pasa de ser un juego. Yo veo al menos dos posibilidades: 1) que la memoria y la lucha por la liturgia tradicional se hubiera ido diluyendo en el tiempo, y hoy apenas la recordarían algunos pocos grupos dispersos. 2) La otra posibilidad es que si él hubiese peleado desde dentro evitando la polarización extrema que se produjo en los '70 y que provocó que muchos obispos conservadores -que eran mayoría en la Iglesia- debieran adoptar una actitud más moderada para no quedar pegados no solamente con Lefebvre sino con otros rupturistas de la época como el abbé de Nantes, en el cónclave posterior a la muerte de Pablo VI o de Juan Pablo II podría haber sido elegido papa el cardenal Siri, y allí posiblemente otro hubiese sido el cantar: hacía menos de diez años que se había implementado la reforma litúrgica por lo que no habría sido demasiado difícil abolirla, por ejemplo.
Pero como ve, esto no es más que un juego.

Anónimo dijo...

El verbo correcto es destErnillarse, con E.

Anónimo dijo...

Todavía no entiendo por qué Burke usó la capucha de su capa magna.
Después se "queja" de que se viraliza su foto con el galero medieval.

lucardo dijo...

El de las 9:40 pregunta si se refiere a Burke, etc..

No se a quien se refiere , pero a Burke seguro que no, ya que sería una injuria.
El no es un sabiondo , ni mucho menos fue coimeado en secreto con emisarios del tirano.

La risotada de la foto es la de alguien que no puede alegrarse.
El tirano tiene casi siempre una cara de traste que lo refleja. Hace 4 años si, se reía todo el tiempo, aunque era una careta, ahora le cuesta ponérsela.
El territorio del gran país, si fuera el Vaticano, es tierra arrasada por el tirano.
Su emblemática plaza está vacía como se puede constatar en la foto de ayer en el Regina Caeli de Zenit.
Los títeres del tirano están hartos.
Casi todo el mundo ve que el tirano está desnudo, pasado el tiempo, de 4 años.
Han ayudado algunos generales a que así se vea.
Los dueños de la plata , que tiene el tirano, de Germanía, están en problemas.
Por ejemplo, su comandante Marx, de Múnich, ha conseguido un solo recluta en 2016., y está tan escarchado que tuvo que reconocer recientemente su negligencia en casos de abusos sexuales.
Ese también , se ríe todo el tiempo.
Hay risas que matan, Es que de Dios, nadie se ríe.
La irlandesa que le renunció en la cara al tirano, porque el tirano no hacía nada, y hablo alto en lugar de callar lo dejo como el tujes.
Es de las que no se quedan calladas como tantos ejemplos en la historia, ejemplos de Santos que no hacían muchos cálculos ni tenían tácticas (San atanasio, San Bernardo, Santa Catalina, Santa Juan de Arco....)

El tirano, que supuestamente se mata de risa, manda a sus generales como Madariaga, y otros insultar a 4 cardenales que dan testimonio.
No creo que este realmente contento.

No, no este largo cuento debe tratarse de otra cosa.

Anónimo dijo...

Tiene razón Lucardo. El sabiondo no es Burke. El sabiondo es R. de M. Burke es el general.

Anónimo dijo...

¿Quién es R de M? Wanderer, por favor después díganos cuál es la vera interpretación de la parábola. No nos deje con el interrogante sin resolver, please.

Anónimo dijo...

22:21 Maradiaga.

Anónimo dijo...

Pues yo no creo que el anfitrión esté jugando , ni tampoco se está divirtiendo.
Dejáme llorar Wanderer ,dejáme llorar.

Anónimo dijo...

Pues tienen razón el que se reía a mandíbula batiente, ahora tiene cara de circunsatancias, porque los que están alrededor suyo ven la edad que tiene, y por si acaso no se mojan mucho. Y otra cosa que ustedes sabrán, antes el Vaticano día sí y día también el risueño recibía a montones de argentinos de todos los pelajes. ¿es que ya no es tan importante ser amigo suyo?. Soy española ¿saben ustedes algo?

Anónimo dijo...

1. R de M debe ser Roberto de Mattei.

2. Alguien mencionó al Abad de Nantes. Me dijeron que los de esa comunidad se hicieron bergoglianos.

¿Alguno de los blogueros sabe algo de este asunto?

Gracias

Curro Estévez dijo...

Toda adivinanza es antipática para quien tiene que adivinarla.
Esta es aún más antipática porque es bien fácil entender lo que está haciendo Bergoglio
y esos cardenales y obispos que se suponen que nos pastorean.
Repito: Verdaderamente antipática.

Anónimo dijo...

Esta haciendo usted una gran injusticia al Cardinale Burke quizás por desinformación, el Cardenal no es responsable para nada de lo sucedido.

Anónimo dijo...

¡Por Dios!
¿Desde cuándo se viene dando cuenta de esto?

Anónimo dijo...

Para poder construir algunas cosas , primero hay que usar dinamita.
Y las explosiones llaman la atención.

Anónimo dijo...

Aunque dudo que todo esto fuera hecho con premeditación y alevosía.

Wanderer dijo...

Anónimo de las 7:07: Hasta ahora llevamos dinamitados a los Franciscanos de la Inmaculada, la Orden de Malta, la diócesis de Ciudad del Este, el acuerdo Vaticano-FSSPX y varios pequeños poblados más. Dígame qué se ha construido.

Anónimo dijo...


La Ortodoxia greco-rusa se yergue como faro en medio de la tempestad ... Pareciera no estar tan mal como la Iglesia Latina, o tal vez es un espejismo?

Anónimo dijo...

Caramba.
Qué duro.
Parece que este es uno de esos casos donde hay que hacer ayuno y penitencia.
Habrá que empezar por lo segundo.
Ay ,Dios mío.

Genjo Moreiro dijo...

De todas las maneras su cuento me parece que esta vez peca de simple. No porque le falte agudeza, sino porque se desarrolla sobre las simples coordenadas que maneja el tirano, que son la política y el poder. Los otros, el general, los aldeanos, andan pensando en otras cosas. Y claro, están destinados a perder la batalla. La batalla, pero no el cielo. De esto, de que son los perdedores los que ganan el cielo, usted ha hablado muchas veces.
Diciéndolo a la llana, a mí los cardenales de las dubia me han hecho mucho bien. En Josafat levantaré la mano para agradecérselo.

Anónimo dijo...

Gracias.

Carlo dijo...

Fuera del tema del presente artículo.
En medio de la continua promoción de valores anticristianos y antinaturales (están a full con eso de los "géneros"), de vez en cuando La Nación (supuestamente un diario conservador) nos sorprende con un editorial sensato:
http://www.lanacion.com.ar/2024471-catedra-sobre-el-derecho-al-aborto-en-rosario

Lefe Estepario dijo...

Anónimo de las 8:59: la tentación de Oriente es muy grande, aunque los popes tienen sus propios problemas y trancas. Más que cambiarnos de jurisdicción (muy probablemente querrán rebautizarnos), podemos ir aprendiendo más de la actitud ortodoxa: experiencia del dogma, apofatismo, priorización de la oración y los sacramentos, el estudio de los Padres, etc. Son un gran antídoto tanto a la religión de moralina neocon o marxistoide.

Hermenegildo dijo...

Wanderer: ¿por qué dice usted que se ha dinamitado el acuerdo Vaticano-FSSPX, si las relaciones entre ambos son mejores que nunca y el acuerdo parece cercano?

Bulgarov dijo...

Estimado Lefe Estepario:
por su último comentario me parece que le sobra el "Lefe" de su nombre; o al menos, no se parece a ningun "lefe" de los que tengo a mano en mi aldea (lo digo como algo positivo).
In Domino!

Lefe Estepario dijo...

Gracias por low cumplidos Bulgakov. Lo de Lefe es por mi feligresia estable en la FSSPX y mi gratitud a sus padres. Lo de Estepario es por mi prudente distancia al beaterio de medallitas, aparicionismos y conspiracionismos que rodean a muchos fieles de este entorno, mas aun ahora que me adentro en los textos de la Filocalia y los Capadocios.