miércoles, 3 de mayo de 2017

El demonio de la ira

Después de dedicar algunos días al ayuno de noticias eclesiales y luego de pasar un par de semanas sin escuchar ni leer nada sobre las correrías del papa Francisco y de su corte de imitadores, me ha llamado la atención la virulencia y una suerte de obsesividad con su figura que aparece en muchos comentarios, blogs y mails que recibo. Y en lo primero que caigo en la cuenta, es que yo mismo he tenido durante años esa conducta que, por decir lo menos, tiene algunos peligros. Y quiero referirme a uno de ellos que no es, por cierto, el menor: es una conducta que nos lleva muy fácilmente a caer presa del pecado de la ira y a alimentar nuestra alma con él pensando que estamos luchando el buen combate cuando, en todo caso, lo estamos perdiendo.
Evagrio Póntico fue un monje del desierto egipcio que vivió en la segunda mitad del siglo IV. De todos los Padres del Desierto, fue el más instruido y el que dejó más escritos. Fue el primer sistematizador de la espiritualidad cristiana y en él abrevan los escritos de los grandes maestros como San Juan Casiano o San Juan de la Cruz. A él debemos, por ejemplo, la división de la vida espiritual en tres grandes etapas, según hemos aprendido por santos posteriores como Santa Teresa de Jesús, o por escritores contemporáneos como el P. Garrigou-Lagrange.
Uno de los aspectos menos conocidos de su enseñanza es su psicología. Considera que todo pecado se inicia por un pensamiento malvado detrás del cual se esconde un demonio, y enumera ocho pensamientos de este tipo (que, con el correr de los siglos, darán lugar a los siete pecados capitales). El mecanismo es el siguiente: el demonio de la fornicación o de la tristeza, por ejemplo, lanza contra el hombre un pensamiento malvado de ese vicio concreto. Si el hombre no está atento y lo deja entrar en su mente, el pensamiento moviliza las pasiones y, de eso modo, termina pecando. Y el pensamiento malvado que se ha colado, anida en el corazón y cuanto más tiempo pasa, más difícil será erradicarlo. 
Enseña Evagrio que, de entre todos los pensamientos malvados, el más peligroso de todos es el de la ira, porque es el pensamiento propio de los demonios. Y su peligrosidad radica en que nubla el corazón y, además, engendra otros pensamientos malvados, sobre todo la tristeza. Escribe en el Tratado práctico: “No te abandones al pensamiento de la cólera, debatiéndote interiormente contra el que te ha contristado [...] pues [este pensamiento] oscurece el alma...”. Y en otra de sus obras: “Los vapores de la niebla sobrecargan el aire, y el ímpetu de la ira a la mente del iracundo. Una nube que pasa oscurece el sol, y así oscurece al intelecto el recuerdo de un mal sufrido”. Es notable que todos estos casos, y en muchos otros ejemplos que podría incluir, el autor compara a la ira con un oscurecimiento, comparable al que provocan en un cielo límpido la niebla y las nubes. Más allá que se trate de fenómenos que consisten sólo en simples y sutiles partículas de agua flotando en la atmósfera, sin embargo son capaces de oscurecer el sol. El hombre que comienza a “debatirse interiormente contra el que lo ha contristado” (por ejemplo, el papa Francisco), cae presa de este oscurecimiento. Las nieblas de la ira se introducen en su alma y el resultado es el que ya nos advierte Evagrio: no podrá pensar con claridad. Dicho de otra manera, será incapaz de ejercer su fin natural que es, justamente, el pensar.
¿No nos ocurre esto muchas veces, acaso, con los problemas de la Iglesia que debemos afrontar diariamente? No se trata aquí de adoptar una actitud “negacionista” o “pasatista”, y mucho menos de aplaudir lo que vemos con claridad que está mal. No se trata tampoco de aplazar el juicio crítico, lo cual sería también actuar contra nuestra propia naturaleza. Se trata de no permitir que los pensamientos de ira infecten nuestro corazón y nos nublen el pensamiento. Y es esto lo que ocurre con mucha frecuencia. Y pongo un ejemplo para ilustrar lo que digo:
Algunos días antes de la Pascua, se difundió la tarjeta con la que el papa Francisco había saludado a los miembros de la Curia por la fiesta, y que es la que ilustra este post. Edward Pentin alertó de este hecho al mundo a través de Tweeter e inmediatamente comenzó la histeria colectiva de quiene creían ver un Cristo demasiado humano, o la Ascensión y no la Resurrección; otros se burlaban diciendo que era Superman y no faltaron muchos, replicados incluso en blogs tradicionalistas, que identificaron la obra con algunas de las figuras filogay del fresco de la catedral de Terni pintado por el argentino Ricardo Cinalli bajo la supervisión del impresentable arzobispo Paglia. Sin embargo, resultó ser que se trataba de la reproducción de un grabado del artista belga-argentino Víctor Delhez que, además de eximio grabadista, fue un católico devoto, ejemplar padre de familia y políticamente identificado con la derecha de mejor línea. En breve, fue alguien “del palo”. El blog Info-caótica publicó algunos documentos interesantes al respecto.
Verdad es que ni Pentin ni ninguna otra persona está obligado a conocer a Delhez y a todos sus grabados, y mucho menos están obligados a gustar de ellos, pero también es verdad que a todos se nos exige un mínimo de prudencia antes de emitir un juicio público. La ira que nos embarga contra Bergoglio nos puede nublar fácilmente la inteligencia y terminar viendo lo que no existe y cometiendo, consecuentemente, injusticias y zafarranchos injustificables. Y, lo peor de todo, es que terminando perdiendo la calma y la paz del alma que son un don de Dios y un signo de su presencia.
Decía el cardenal Newman: “En general, las personas, cuanto más religiosas son, más serenas. Y siempre, en principio, la religión es en sí misma serena, moderada y consciente” (Sermón 13). Vale la pena prestarle atención. No sea que por defender la fe y desenmascarar a los falsos pastores, terminemos cayendo en las garras del demonio de la ira, cometiendo injusticias y perdiendo la serenidad que es signo del hombre verdaderamente religioso.

57 comentarios:

Beatriz dijo...

Muy buen artículo. Voy a poner mayor empeño en llevarlo a la práctica, aunque soy consciente que no me resultará muy fácil, porque todos los días amanecemos con una nueva. Pero, por lo menos haré el intento y llevaré a la oración este propósito. Muchísimas gracias The Wanderer.

Anónimo dijo...

Vale. Lo tomo.

Lefe Estepario dijo...

Yo hace tiempo que hago un esfuerzo -no suficiente- por no enfurecer ante toda esa gente. Bastante tengo con mis propios pecados para desgastarme con ellos.

Por otro lado, cada vez me siento más a gusto con el cristianismo oriental y su visión, en la cual el Pontico es esencial. No cambiaría ka Misa Tridentina por la Liturgia del Crisostomo, ni el Regina Coeli por los Akhatistos, ni menos me veo comulgando en la cuchara, pero me hace más feliz un cristianismo más dogmático que moralista y que pasa por delante de "métodos de apostolado", "planes pastorales" y demás tonterías del clericalismo occidental, pre y pos conciliar.

Anónimo dijo...

Brillante Wanderer! me viene como anillo al dedo...

Juancito de Marmol.

Anónimo dijo...

Estaba mordido y retorcido con el tema de que en la Trinidad hay gresca según el Papa. Tu lectura hermano me ha calmado. ¡Gracias!

Anónimo dijo...

El post que hace sobre la ira es algo que nos pasa a todos.
Pero cuando se ve lo que esta pasando en los seminarios o las contestaciones que dan los obispos cuando hay personas que tienen vocación y los desgastan o les buscan cualquier escusa para ponerles trabas. Creo que en algún momento la ira aparece.
El tiempo que nos toca vivir en la Argentina es complejo pero el Episcopado Argentino y particulares obispos son malos, mentirosos. Lo que esta pasando en nuestros seminarios nadie lo dice, todos los saben. Nadie puede hacer nada y eso causa Ira.

Anónimo dijo...

Tienen que dedicar un tiempo o un post para hablar o en los comentarios de como están siendo tratados los seminaristas por los obispos. Hay muchos casos de seminaristas expulsados de seminario en seminario y fueron ordenados. Pero ahora con el endurecimiento y tratar de prevenir la pedofilia y tantos casos que conocemos pero los obispos protegen y callan ponen a todos los candidatos en la misma bolsa.
Es lamentable como juegan con seminaristas que se tuvieron que ir de sus propia ciudad porque en su lugar no los querían o les hacían la vida imposible los formadores.
También da vergüenza como muchos obispos reciben a personas en sus seminarios los privilegian, los ordenan y terminan con escándalo.
Esto paso siempre pero durante el Reinado de un Papa Argentino los obispos quieren ser obedientes y comenten muchas injusticias.

Eck dijo...

En verdad la serenidad es el principal signo de que un hombres (o mujer) es digno de tal nombre pues muestra que es dueño de si mismo y no esclavo. Es decir, que es libre. Esta virtud siempre fue muy alabada por los antiguos: sobre ella edificaron los romanos su imperio, el ejemplo del senado y del pueblo en los peores momentos lo demuestran. Más deberíamos ser nosotros los cristianos, pueblo liberados del pecado, la mentira y la muerte por Cristo y edificados sobre la Verdad. Y esta es la verdadera raiz de la serenidad que humildemente hemos puesto nuestra confianza en el Dios verdadero, fundamento de nuestro ser.
Por todo esto es preocupante que muchos parezcan más preocupados de denunciar la mentira que de proclamar la verdad, mas de perseguir modernistas que de conquistar el amor divino. Se vuelven imagen especular de lo que combaten.Volvamos al fundamento, la contemplación de Dios.Volvamos a la libertad de los hijos de Dios.

Anónimo dijo...

Las opiniones del vulgo vertidas en internet son violentas en su mayoría. Twitter ni hablar, es una carnicería, y si hay argentinos participando peor: no sobra la caridad. O comentar en un blog. Como las personas no se conocen entre sí todo adquiere un aire de gratuidad.

Vencer la ira es vencer al diablo.

Muy buena entrada. Además, no sé si notan una tendencia, hablando en general, de cierta antropofagia intelectual en los del “mismo palo”, como los llama Wanderer.

Por ahí en la vorágine pasan estas cosas. De la ira a la injusticia y luego más ira hay un paso. Después es reciproco, la ira oscurece, la oscuridad produce ira.

Bueno, seguro que todas las ambigüedades del comentario deben estar en orden en algún tratado científico filosófico, y mejor dichas. Cuando se procede sólo por intuición alrededor no se ve nada o muy poco, o se van dejando aspectos… algo así decía Castellani.

Es común ademas frente a la multiplicidad de aspectos de una cuestión el mal habito del pensamiento que encuentra contraposición y no respuestas parciales al mismo problema, algo así decía Gilson.

Se podría seguir con otra tanta cantidad de aspectos referente al desvelo de la verdad y otras tantas a su aceptación subjetiva, como para hacer un indice y escribir un libro jajaja

slds

Anónimo dijo...

Muy buen post. Hay que dominar el miedo que paraliza y la ira que nos enceguese y hacemos estupideces.
El Señor le dio talerazos a los cambistas del templo y no puntazos.

Jorge Rodríguez dijo...

No solo los demonios tienen ira, también Dios, pero en ese caso es justa ira, el problema es cuando es desordenada. No cualquiera puede ejercer la ira con serenidad

lucardo dijo...

Si, es verdad , la ira es un mal que se está generalizando.

Quizás sea otro signo del enfriamiento "final de la Caridad" señalado en el Evangelio.

Veo las reacciones iracundas a Bergoglio y prosélitos , a veces justificadas, pero a veces no, como señala Wanderer, y esto es similar a lo que se ve en todos los órdenes de la vida en la actualidad, con una intensidad sin precedentes.
Basta ver las noticias.

Lo que en cambio, falta, también como nunca, es coraje , que es muy distinto que la Ira, pero podría confundirse, y entonces deslizarse uno a ser pasivo.

En este tema Bergogliano y su depredación de la Iglesia, hay muy pocos que han tenido coraje, Como Burke, por ejemplo.

Por citar a uno más nada más, recordemos a Livieres, tuvo coraje...y fue abandonado a la fiera, y muerto.

Eso me causo y me causa eso que creo que se llama Santa Ira, y trato de tenerlo presente cuando veo a la fiera y pienso en los que lo traicionaron , no a el, sino a el en Cristo.

Discernir sobre esto , y actuar en consecuencia, no es sencillo.

Cristo en los Evangelio, se ve airado muchas veces.

Y hay que tratar de seguirlo, como muchos santos, como San Pio, por ejemplo, sin revolverse, sin revolver la propia alma.

Es difícil, pero creo que se consigue dar con la medida , poco a poco, con la ayuda de Dios.

Hector Eduardo Madera dijo...

Cosa curiosa, cuando vi la tarjeta supe inmediatamente el origen del grabado y es que yo heredé de mi bis abuela Los Cuatro Evangelios de Nuestro Señor Jesucristo publicado en 1956 en Buenos Aires por Guillermo Kraft, ella lo recibió de regalo de un colombiano, quien se tomó el atrevimiento de escribirle una bella dedicatoria en la primera página, Mi bis abuela me enseñó a leer con esa edición a la edad de cinco años, la misma tiene de prólogo una carta escrita a mano (y de algún modo copiada) por SS Pio XII, me entero por todo el ruido que generó la tarjeta que se trata de una versión de lujo y enumerada, y pensar que está toda rayada porque pues de niño subrayaba lo que me llamaba la atención, además que tiene rayados incoherentes en espacios en blanco, aún la conservo en buen estado en mi biblioteca junto con mis otros libros.

Corregidora dijo...

".....La ira que nos embarga contra Bergoglio nos puede nublar fácilmente la inteligencia y terminar viendo lo que no existe y cometiendo, consecuentemente, injusticias y zafarranchos injustificables." quizá usted no resista un archivo respecto a este tema, pero, tiene razón igual.

Anónimo dijo...

Recordemos que por más empeño que pongamos en vencer la ira no es sino por gracia que lo haremos. Pidamos esa gracia.

El poeta dijo...

¿Quién nos dará esa ira meditada y serena o esa paz vigorosa y alerta que tuvieron los grandes? Qué difícil la armonía entre tantos desajustes y tensiones internas...
Sólo el Señor sana, y nos concede esa justeza esencial que no consiguen estudios, ni experiencias, ni el cálculo más inteligente. Laus Deo.

¡Gracias, Wanderer!

Suyo,
El poeta.-

Jack Tollers dijo...

Bien, Wanderer, cierto y muy oportuno lo dicho por Ud. Ahora, no hay que olvidarse tampoco del aspecto positivo de la ira, como que apuntala la fortaleza. Josef Pieper, por ejemplo, tiene esto para decir: "el valiente hace uso de la ira en el ejercicio de su propio acto, sobre todo al atacar" y luego, citando a Santo Tomás: "porque el abalanzarse contra el mal es propio de la ira, y de ahí pueda ésta entrar en inmediata cooperación con la fortaleza" (S. Th. 2-2, 123, ad. 3).

Son interesantísimas las páginas de Pieper sobre "Fortaleza e Ira" que en mi edición de "Las virtudes fundamentales" empieza en la página 202.

Y el ejemplo máximo de esto es, claro está, el de Cristo echando a los mercaderes del Templo.

De nuevo, eso no quita que también sea cierto lo de Evagrio Póntico y lo dicho en el post de usted.

Valeas,

J.T.

Wanderer dijo...

Corregidora, tiene razón. Yo no resisto el archivo. Y es eso mismo lo que empecé diciendo en la entrada: "...lo primero que caigo en la cuenta, es que yo mismo he tenido durante años esa conducta...".

Jack Tollers: tiene razón. Y el mismo Evagrio dice que la ira es buena cuando se usa contra los demonios. Aconseja que, frente al ataque de ciertos demonios, hay que mostrarse irascible y, de esa manera, se los espanta. Más aún, aconseja que antes de comenzar a rezar, hay que echar con ira a los demonios que andan vagabundeando para distraernos.
¿Hay que tomar a Bergoglio como un demonio y descargar la ira contra él? No sé. El problema es que si yo me enojo contra un diablo que me anda tentando y lo mando a freír papas, probablemente se asuste y me deje de molestar un rato. Pero si yo desde mi blog, y usted desde su casa, nos enojamos con Bergoglio, lo único que sacamos es perder la serenidad de la que habla Newman, porque el Papa porteño seguirá tan pancho como si nada en Santa Marta.

catalpa dijo...

Me ha gustado y he aprendido con el artículo.
Sí, perder la ira en este tema, es una verdadera gracia. Y no se cómo, desde hace un tiempo, la he recibido. Gracias a Dios.

Anónimo dijo...

Wanderer:
Pienso que muchos,entre ellos yo,hemos pasado en relación con Berg olió por varias fases:desconcierto,desolación, tristeza,e ira.Hace mucho que nada me asombra y las noticias relacionadas con él las pongo en cuarentena o directamente paso al análisis y pormenores de lo que se escribe o dice.
Me negué a que marcase mis pensamientos, como dice Vd,eran un foco de desestabilizacion
interior.Así de triste y así de real.
En estos cuatro años he aprendido muchísimo sobre la situación de la Iglesia,sobre la Doctrina y está siendo instrumento,quién lo iba a decir,de purificación interior.
Estará el tiempo que Dios disponga. Paciencia "todo se pasa",como dice Sta Teresa,y
todo este descomunal descarrilamiento :pasará. Esperemos que todos seamos más fieles a Jesucristo.Saludos

Curro Estévez dijo...

Señores, existe una santa ira. ¿O es que lo hemos olvidado también? Es más, llegará el día de la ira (dies irae).
Yo estoy airado con el papa Francisco y toda su corte, y con los obispos que andan calladitos y escondidos, no porque hayan ofendido mi orgullo, sino porque traicionan la fe católica.
No soy un anacoreta del desierto que pueda vivir al margen de lo que está pasando en Roma, sino que tengo hijos a quienes educar cristianamente a los que debo explicar el designio del Señor sobre Pedro. Soy un hijo de la Iglesia. La ira que siento me lleva a exasperarme e intranquilizarme con sola la vista del actual Pedro. Para nada quiero estar sereno. Veo al papa y miro a mis hijos, y me inflamo.
Si esta ira que siento me hace daño, entonces no sé ya quién soy, la verdad.

El artículo gustará a los que andan preocupados solo de ellos mismos, pero no a quienes no somos ermitaños.

Anónimo dijo...

Este post es lo que lo diferencia a ud. de los seres impolutos de la Verdadera Verdad que lideran o integran "comunidades" como la TFP, los Heraldos y demás ambientes de locura plagados de crueldad, ira y soberbia.

Wanderer dijo...

Don Curro Estévez, ¿qué gana usted con airearse contra el papa Francisco, además de perder su paz espiritual? ¿Cambia algo? ¿Sus hijos son mejores? ¿El papa Francisco corrige sus conductas erráticas? ¿Se restaura la verdadera fe?
Lamentablemente no. Pierde, no gana.

catalpa dijo...

Hace ya 5 ó 6 años, escuché en un vídeo a un sacerdote argentino de "sana doctrina", creo que era jesuita, decir que llegaría el día en que nuestro único apoyo firme sería Jesucristo para ser fieles. Entonces me sorprendieron esas palabras, no las entendía y me preguntaba por qué decía éso. Ahora las entiendo, y quizá sea lo que Dios quiere para nosotros en este momento.
No he conseguido saber quién era este sacerdote.

Moro dijo...

Gracias don Wanderer, nos viene bien. Un saludo.

Anónimo dijo...




No es la primera vez que el Papa Francisco utiliza grabados de Victor Delhez

En su Tarjeta de Navidad 2014 también la ilustra con uno de sus grabados .




Tuve el gusto de conocer a Victor Delhez en 1970 gracias al Padre Herve Le Lay .

JPB

Falstaff dijo...

Cuando Francisco empezó a desbarrar yo caía en la ira contra él día sí, día también. Me confesaba de haberle dedicado calificativos propios de un campo de fútbol (curiosamente, ningún cura se escandalizó), y así estuve un buen tiempo. Ahora cuando me viene un ataque de ira por alguna de las suyas procuro dejarlo en indignación y orar por él a diario. Leo cada vez menos lo que dice y hace porque sé que en cuestión de segundos estaría otra vez igual.

Dicho lo cual, la ira a veces es necesaria y buena si es por una causa justa, y esta lo es. Pero como ha dicho antes el propio Wanderer, a Bergoglio no le llega nuestra ira y si le conociera le daría igual. Tendrían que ser los cardenales y obispos escandalizados los que canalizaran su ira en intentar pararle los pies. Si yo pudiera alguna vez hablar con Francisco me limitaría a decirle que rezo todos los días para que enmiende las catástrofes que provoca de continuo.

Anónimo dijo...

Don Curro Estévez no confunda serenidad con quietismo.

Don Wanderer yo hice a su consejo de los primeros tiempos bergoglianos, me volví más medieval. Hice más caso que Ud. mismo. Sé que hay un papa en Roma y a las noticias les paso piola de vez en cuando. Pero como dijo otro comentarista, Dios me ha regalado la gracia de la paz interior en este tema

Me quedo con lo que dijo Eck: Por todo esto es preocupante que muchos parezcan más preocupados de denunciar la mentira que de proclamar la verdad, mas de perseguir modernistas que de conquistar el amor divino. Se vuelven imagen especular de lo que combaten.Volvamos al fundamento, la contemplación de Dios.Volvamos a la libertad de los hijos de Dios.

Saludos

El Sanjua

Anónimo dijo...

Señor Wanderer, ha cambiado mucho. ¿para bien? espero que sí por lo que respecta a su alma y a lo que dice en este artículo. Sólo que parece que dice: "hay que ver, oir, callar y dejar pasar, que nada nos ganamos más que perder la paz".

Anónimo dijo...

Prudencia , esperanza, serenidad y paciencia, pero firmeza en la Verdad.

Walter E. Kurtz dijo...

Creo que no hay que confundir la ira como pasión (el irascible) con la ira como pecado (la iracundia). Irascibles nos ponemos irremediablemente cada vez que escuchamos la última bergogliada y, más, cuando esa bergogliada golpea en familiares o buenos amigos. Si ese irascible está ordenado, puede ser la fuerza de que habla Tollers citando a Pieper. Si ese irascible se desordena, se convierte en pecado que nos lleva a obrar bajo los efectos de la calentura y terminemos siendo injustos en nuestros juicios con respecto a Francisco y a todo lo que viene de Roma en estos tiempos y así terminemos embargados por la asedia y revolcados en el resentimiento.

Anónimo dijo...

En Proverbios 6: 16 - 19 se lee:

"Seis cosas aborrece Jehová,
Y aun siete abomina su alma:
Los ojos altivos, la lengua mentirosa,
Las manos derramadoras de sangre inocente,
El corazón que maquina pensamientos inicuos,
Los pies presurosos para correr al mal,
El testigo falso que habla mentiras,
Y el que siembra discordia entre hermanos."

Y bergoglio se anota con todo entusiasmo en unas cuantas de estas.
Dios ama y odia. Y la caridad perfecta para un cristiano consiste en amar lo que Dios ama y odiar lo que Dios odia.
Dios experimenta un odio completo hacia toda obra de la naturaleza humana que sea pecaminosa. Lo que se odia no es a la persona en sí, sino a sus obras pecaminosas.

Si Dios ha dicho claramente que detesta estas cosas, pues entonces los católicos deberían incluirlas en su lista de cosas que deben ser aborrecidas, odiadas, detestadas.
La Honra de Dios se defiende también odiando lo que Él odia, sintiendo ira por lo todo aquello por lo que Él siente ira.

La ira de Dios hacia todo lo abominable es un rasgo de su Perfección. "Sed perfectos como vuestro Padre Celestial es perfecto". Así lo dijo Jesús, en tiempo de verbo IMPERATIVO: dio un mandato. Pretender ser benévolos y comprensivos con los que abominan abierta y públicamente de Dios y de la Iglesia es propio de tibios y cobardes.

Anónimo dijo...

En general sí, pero el padre Pío, más de una vez arreó un guantazo al oír una blafemia, y se cuenta de su proverbial genio. No hay reglas

Anónimo dijo...

Siempre quise decir esto.
Los incendios se apagan con Agua, no con bencina.

Mis más sinceros respetos Gandalf el Blanco.

P.D.
BORRELO.

Anónimo dijo...

SAN JUAN CRISÓSTOMO, OBISPO, PADRE Y DOCTOR DE LA IGLESIA CATÓLICA

“Sólo aquel que se indigna sin motivo se vuelve culpable; quien se indigna por un motivo justo no tiene culpa alguna. Pues, si faltase la ira la ciencia de Dios no progresaría, los juicios no tendrían consistencia y los crímenes no serían reprimidos. Más aún: aquel que no se indignare cuando la razón lo exige, comete un pecado grave; pues la paciencia no regulada por la razón, propaga los vicios, favorece las negligencias y lleva al mal, no solamente a los malos, sino sobre todo a los buenos”.

(Hom. XI, In Nath.) San Juan Crisóstomo, Obispo y Doctor de la Iglesia Católica.

Ebrio y dormido dijo...

A usted le parece que los ermitaños "andan preocupados por ellos mismos" muy bergogliana la frase. Cuídese de las inflamadas!

Anónimo dijo...

EL ODIO A LA HEREJÍA: "Es una aversión hacia algo": Es una aversión a la profanación de la Verdad de Dios que es la peor de las impurezas. No es un odio al hereje al que se ama y se desea su conversión. En este caso, es una repulsión A ALGO no a alguien. "Cuyo mal se desea": Se desea fervientemente que la herejía fracase y que no sea seguida por nadie. Se le desea el mayor mal posible al error y que no se difunda. No es un deseo del mal personal para el hereje, al que por el contrario deseamos su mayor bien: su arrepentimiento para que se salve. El odio al mal es el mayor bien.

Anónimo dijo...

En el párrafo que Tradition in Action extrae de una obra del célebre escritor inglés P.Faber, tenemos que reconocer una característica sobresaliente de nuestro catolicismo actual. Hemos perdido el odio y aversión a la herejía que tenían los antiguos católicos. Hoy día vivimos, como en un diluvio, rodeados de herejías, no sólo entre nuestros iguales sino también la herejía oída desde los presbiterios, en el culto divino y lo que es más herejías proferidas de palabra o por escrito por aquellos cuyo cometido es el cuidado de nuestras almas, no importa el rango que ostenten.

Donde no hay odio de la herejía,
no hay santidad

Fr. Frederick Faber fue uno de los más eminentes autores católicos ingleses de finales del siglo 19. Como nuestros lectores pueden ver a continuación, no tenía miedo de hablar con firmeza contra la herejía y el odio que los católicos le deben tener. Advierte contra una ” muestra de tolerancia solícita y simpatía” con los herejes, algo que sería bueno que los católicos americanos tuvieran en cuenta en sus relaciones con los protestantes.

Fr. Frederick William Faber
Si odiáramos el pecado como conviene odiarlo, es decir con celo, con valentía, deberíamos hacer más penitencia, deberíamos infligirnos más auto-castigo, deberíamos sentir un más profundo dolor de nuestros pecados. Pero añadido a ello, la herejía es la suma deslealtad para con Dios. Es el pecado de los pecados. Es la cosa que Dios mira con más disgusto en este mundo pecador.

Sin embargo, ¡qué poco comprendemos su enorme malicia! Se trata de una mancha en la verdad de Dios, que es la peor de todas las impurezas. Sin embargo,¡qué poco caso hacemos de ella! La vemos y quedamos tranquilos. La palpamos y no temblamos. Nos vemos envueltos por ella, y no tenemos miedo. Vemos que llega a tocar las cosas sagradas y no tenemos percepción de sacrilegio. Respiramos su hedor, y no mostramos signos de aversión o repugnancia. Algunos se muestran amables con ella, y otros incluso atenúan su culpa. No amamos a Dios lo suficiente como para estar celosos de su gloria. No amamos a los hombres tanto como para sentir por sus almas una verdadera caridad.

Como hemos perdido el tacto, el gusto, la vista, y todos los sentidos propios de una mente espiritual, podemos vivir en medio de esta plaga odiosa, tranquilamente, imperturbablemente, reconciliados con su inmundicia , no sin profesar con liberalidad cierta jactanciosa admiración, tal vez incluso mostrando solícitamente una tolerancia simpática.

¿Por qué estamos tan por debajo de los santos antiguos, e incluso de los modernos apóstoles de tiempos recientes, en la mayoría de nuestras conversaciones? ¿Se debe a que nos falta el rigor de la antigüedad? Necesitamos el espíritu de la antigua iglesia, el genio eclesiástico de la antigüedad. Nuestra caridad es falsa porque no es severa, y es poco convincente, porque es falsa.

Carecemos de amor de la verdad en cuanto verdad, como verdad de Dios. Nuestro celo por las almas es insignificante, porque no tenemos celo por el honor de Dios. Actuamos como si favoreciéramos a Dios con nuestra conversión en lugar de sentirnos almas temerosas rescatadas por un exceso de misericordia.

Sólo manifestamos a los hombres la mitad de la verdad, la mitad que mejor cuadra con nuestra propia cobardía y vanidad, y después nos preguntamos porqué son tan pocos los que se convierten, y de estos porqué apostatan tantos.

Somos tan mezquinos que nos sorprendemos de que nuestras medias verdades no hayan logrado el efecto de la entera verdad de Dios. Donde no hay odio a la herejía, no hay santidad.

Un hombre, que podría llegar a ser un apóstol, se convierte en un miembro enfermo de la Iglesia por falta de una justa indignación.
http://maestroviejo.es/el-justo-odio-a-la-herejia

Anónimo dijo...

Anonimo de las 19:27
Mejor no generalizar, hay de todo en todos lados.
Conozco gente excelente de ambas "comunidades". Prudentes, serenos y que viven en paz con Dios y el prójimo. Que me han ayudado muchísimo en este camino.

Saludos,

Hoi Sec dijo...

Ira no. Perplejidad. Expliquenle a un niño de 9 años que esta en la "catequesis" que tiene que poner una actitud -a la que no le hallo nombre- para no tragar "todo". Para no confundir gente amable con santidad. Para escuchar algun mensaje del papa y dejarlo guardado en el freezer hasta el año 2365 mas o menos. Y asi, asi, asi...

Ira... no. Meditar los misterios dolorosos y la voluntad permisiva de Dios ayuda a no dejarse llevar por la Ira.

Wanderer dijo...

Así es Kurtz. El apetito irascible lo tienen todos los seres sensibles y es imprescindible para la vida. En los hombres, cuando se educa a través de los hábitos buenos, se convierte en una virtud. Si se desboca, se convierte en un vicio o pecado. Yo me he referido en el post, siguiendo a Evagrio, en la ira como una desmesura del irascible, es decir, como un vicio. Y no obsta a que pueda ser también una virtud cuando, por ejemplo en este caso, es la fuerza o energía que me empuja a mí y a todos los comentadores a pensar y escribir acerca de la desastrosa situación que vive la Iglesia merced al papado de Bergoglio.
Como bien dije, no se trata de no ver, o de negar, o de dejar pasar o de suspender el juicio crítico. Se trata, sencillamente, de caer presa del demonio, o del pecado, de la ira, que nos nubla entendimiento y provoca que perdamos la serenidad.
Otros lectores han confundido también la ira con el odio a la herejía. Pensemos en los grandes defensores de la ortodoxia, como San Atanasio, ¿alguien cree que no odiaba la herejía? Sin embargo, no creo yo su estado habitual hubiese sido la iracundia contra los herejes o incluso contra los que instigaban su deportación?
Pensemos en otro doctor de la Iglesia, San Pedro Canisio, "martillo de los herejes" por su lucha contra los luteranos en Alemania del siglo XVI. El consejo que siempre daba era: "No hieran, no humillen, pero defiendan la religión con toda su alma". Defender la verdadera religión, incluso contra el papa Francisco cuando se aparta de ella, no significa nunca dejarse llevar por la ira.

Anónimo dijo...

San Nicolás le dió un bofetón a Arrio.

Wanderer dijo...

Anónimo, Ni usted ni yo somos San Nicolás, ni Bergoglio es Arrio (yo creo que es peor).
Si yo tuviera la indeseada oportunidad de estar frente a Bergoglio no le daría una bofetada -es el Papa mal que me pese-, pero creo que le diría unas cuantas cosas que me tengo guardadas. Pero, mientras tanto, trato de caer en la ira porque no me sirven de nada, a no ser que esas lindezas se las diga mientras lo miro por televisión.

Anónimo dijo...

Es cierto, la mejor postura es la de san Pedro Canisio.
Creo que a san Nicolás lo expulsaron, momentáneamente, sus propios colegas por aquel asunto.
Sé que no soy san Pedro Canisio ,pero lo tendré muy presente.

Anónimo dijo...

Don Wanderer no gaste polvora en caranchos. Dese un tiempo para orar por Ud. Por la patria, por su flia o la de sus amigos. Rece en Argentina o en las costas inglesas(rece por el brexit o por TM ja). JB en unos años se va y todo sera historia. Sera un experimento fallido de trasnochados cardenales.

Falstaff dijo...

A ver, tampoco se trata de ser unos meapilas. San Bernardo le brindó tales calificativos a Abelardo que hoy sería excomulgado de la sociedad bienpensante. Y San Agustín y San Jerónimo, ambos canonizados, se dieron de tortas verbales, siendo especialmente ácido el segundo. Un problema de hoy es que se confunde la Caridad con la castración del carácter. Y no es así, sino al contrario: al pan, pan y al vino, vino. Cuando hay que bramar, se brama. Y es de justicia.

El problema bergogliano es que todos podríamos y querríamos decirle que es o un inepto o un hijo de Satanás, pero como no es nuestro papel, enrocarse en éso es caer en una ira infértil. Si yo fuera cardenal, papel que sólo me gustaría ocupar durante un par de semanas, le diría de todo a Francisco. Y no le daría un puñetazo porque me parece que implica excomunión latae sentantie. Pero como sólo soy un simple laico perdido en una nación ex católica, sólo me queda rezar por el sujeto y rechazar mentalmente los calificativos que merece y me vienen a la cabeza. Es decir, que a los católicos de andar por casa, además de denunciar sus desmanes, nos toca más orar por el vigente Sucesor de Pedro que mostrarle nuestra merecida y justa ira. Eso, claro, implica tener una verdadera confianza en el poder de la oración.

Anónimo dijo...

El problema no es sólo la Iglesia. El problema es también político, actúan coordinados; ONU, Soros (globalistas) y el Papa, con la sustitución de la migración, p.ex. Hoy está pidiendo obediencia y mansedumbre. Él está hablando hoy a los rígidos de doble vida: se hacen ver bellos, honestos, pero cuando nadie ve, hacer cosas malas.

Anónimo dijo...

14.51

"JB en unos años se va y todo será historia. Será un experimento fallido de trasnochados cardenales."

Bergoglio se va dentro de pocos días para dejar paso al que los trasnochados cardenales van a poner para culminar "exitosamente" la tarea iniciada el 13-03-13.

Anónimo dijo...

Claro, algunos hablan como si airarse fuera un problema de los otros que no son santos. De la ira pasamos a la ironía. Fr. Frederick William Faber puede remitirse a la conciencia en general y escribir sobre la profundidad del pecado y la necesidad de santos como los antiguos. Cuando haya terminado, el pecado sigue siendo algo profundo, y no hay santos…

El Papa Francisco es el peor de toda la historia de la Iglesia ¿Me voy a volver loco por eso? No es nada más la ira lo que está en juego. Está bien la idea de tomar distancia mediante un retiro y no por reacción. Hay muchos que nunca tomaron distancia de ningún tipo.

Castellani en un artículo, la lucha contra la mentira, dice que no hay que combatirla toda, seria locura. Simplemente hay que descreerla. Ni creo ni dejo de creer: descreo. Chau, más fácil échale soda. Todo lo cual no significa ni derrota, ni falta de espíritu combativo, sino una verdad practica del hombre común. La mentira es tan grande que no hace falta aclarar nada. Y cuando hay algo para aclarar, excelente, si es el único bien que sale de esos temas.

Generalicen todo lo que quieran, la respuesta es siempre la misma: somos individuos distintos. Uno se fuma un porro por primera vez y no le hace nada y otro se vuelve drogadicto. Vayan a sanatear a otros con esto de "no hay peligros" en la vida del espíritu. Por ejemplo, hablar de justa indignación, sí, pero cuidado porque la contra cara de la indignación sin más es la hipocresía: aquello del incesto de la razón reposando sobre su diferencia específica, de P. Claudel creo.

slds.

Anónimo dijo...

"No lo conozco". Del Iscariotismo a la Apostasía, por Antonio Caponnetto TLV1

https://www.youtube.com/watch?v=ypJzWyBnblQ

Publicado el 1 de Mayo

Caponnetto enojado con el Papa

Anónimo dijo...

Su comentario, Wanderer, es muy correcto en términos generales, pero en el caso de Bergoglio, más que ira lo que provoca es una rebelión interna ante una evidente demolición de la Fe Católica. Además, su sola presencia resulta inquietante, es un hombre que atrae a los enemigos de la Iglesia, a los hijos de las tinieblas, y repele a los hijos de la luz.

No hay más remedio que estar atentos a sus movimientos si queremos defender a la Iglesia de sus enemigos, pero para mantener la paz es necesario a la vez mantener la distancia.

Anónimo dijo...

alguien tiene alguna esperanza que rezar por el enderezamiento de Bergoglio puede servir para algo?

Anónimo dijo...

18:13 , Bergoglio se va dentro de pocos días ?

Anónimo dijo...

"Odiar el pecado, no al pecador" "Odiar la herejìa, no al hereje". La herejìa y los pecados se encarnan en personas concretas. No andan solos y solas flotando en el aire.

Anónimo dijo...

alguien tiene alguna esperanza que rezar por el enderezamiento de Bergoglio puede servir para algo?

Debe tenerla cualquier cristiano que tenga fe y esperanza teologal.

Anónimo dijo...

Al comentarista del 8 de mayo 1:33hs
Sirve para 2 cosas
a)perfecciona la Caridad del que reza
b)la oración siempre es escuchada por Dios.
Depende de SS si acepta o no,la gracia que ha sido implorada en su beneficio (cosa que ya no es de nuestra incumbencia)

Anónimo dijo...

8 de mayo de 2017, 5:15

Así es. No será mucho lo que tiene que aguardar para comprobarlo.