lunes, 6 de febrero de 2017

Un profeta ante la "gran calamidad"

Transcribo a continuación la entrevista que el diario La Prensa realizó a Sebastián Randle, autor de la monumental biografía del P. Leonardo Castellani.

22.01.2017 | El biógrafo del padre Castellani explica el destino singular del olvidado sacerdote y escritor. Sebastián Randle sostiene que el autor de "El Evangelio de Jesucristo" era un tipo difícil al que le tocó denunciar la Gran Apostasía. Ni entonces ni ahora se le prestó la debida atención.
Por Jorge Martínez

Hace tiempo que no se habla del padre Leonardo Castellani. Un olvido injusto por donde se lo mire, que a la vez pasa por alto la profundidad de una de las grandes mentes del catolicismo de habla hispana en el siglo XX, y soslaya el talento literario de sus numerosos escritos repartidos en libros, artículos, conferencias y homilías.
Políglota, teólogo y exégeta, pero también periodista, crítico literario, poeta y novelista: Castellani (1899-1981) dejó una obra tan vasta -al menos 60 volúmenes- como rica por la agudeza de sus reflexiones y el encanto de su estilo, una marca inconfundible del autor. Ese estilo personalísimo que nunca perdía el humor ni la campechanía aunque hablara del Reino de los Cielos, el Fin de los Tiempos o la Parusía y que era como el destilado accesible al lector corriente de una honda sabiduría acumulada en decenios de estudio y oración.
Era ese uno de los muchos rasgos que lo acercaban a G.K. Chesterton, escritor al que admiraba y al que tanto se parece pese a las diferencias de temperamentos y peripecias vitales.
Castellani fue un personaje a todas luces extraordinario que hace algo más de un decenio encontró al biógrafo digno de su estatura. El doctor Sebastián Randle, hombre de la Justicia, aficionado a las letras y católico combativo, acometió la empresa en sus ratos libres como trabajo de amor y de reparación. El resultado fue Castellani, 1899-1949, biografía monumental publicada en 2003 por la editorial Vórtice, que recorre la mitad de la vida y la obra del sacerdote nacido en Reconquista, provincia de Santa Fe. Y que lo hace con las adecuadas dosis de fe, cultura y buen humor para mejor retratar a semejante biografiado. En marzo próximo saldrá la continuación de esa obra insustituible.
Mientras aguarda esa nueva publicación, Randle accedió a responder por correo electrónico algunas consultas de este diario sobre el hombre al que dedicó toda una vida de lecturas y -al menos- dos decenios de investigación y escritura.
-A pesar del olvido ominoso en que cayó, el padre Castellani fue, como autor, muy leído e influyente, al menos dentro de ciertos sectores. ¿Cómo podemos medir hoy la influencia cultural, política y hasta teológica que tuvo en su tiempo?
-Yo creo que es una pregunta imposible de responder, a menos que distingamos y digamos con toda claridad qué cosa queremos decir con "influencia". Si de números de personas se trata, puede que el grupo de "influenciados" sea relativamente importante. Pero si la "influencia" refiere a la gente que realmente lo entendió, que le fueron fieles luego, que se hicieron (de una u otra manera) discípulos de él, me parece que son pocos, muy pocos. De entre mis amigos, los que realmente entendieron a Castellani, son poquísimos. Eso a él lo tenía sin cuidado y a mí, ¿qué quiere que le diga?, también.
-Hay en la obra de Castellani un estilo característico, rápidamente identificable, un encanto muy personal. Usted lo define como propio de un "gran comunicador". ¿Cómo cree que lograba esa comunicación tan eficaz?
-Su poder de comunicación no tiene ningún secreto: había hecho los deberes, sabía su castellano (y seis lenguas más), sabía hablar muy bien (óiganse sus sermones que están en Internet) y escribía como los dioses. Tenía un inmenso sentido del humor y era original en extremo. Así cualquiera.
-¿Cuál es a su juicio el mejor libro? ¿Y por dónde recomendaría empezar a leerlo a quienes no lo conocen?

-Su mejor libro, a mi juicio, es El Evangelio de Jesucristo. Yo empezaría por ahí. O quizás, por algunas de las antologías de sus escritos, como la realizada entre nosotros por el P. Biestro o en España por Juan Manuel de Prada.
-En varios pasajes habla usted de un lado sombrío, "maldito", de Castellani. ¿A qué se debían esas aflicciones íntimas en una persona que por otra parte parecía ser tan creativa y enérgica?
-Vea, si a usted le pasa la mitad de lo que le pasó a Castellani en los primeros cinco años de su existencia, vaya si no va a tener "aspectos sombríos" y "lados oscuros" en su personalidad. En eso es obvio que Freud estaba en lo cierto. Pero además, si nos llegara a pasar la mitad de las cosas que le pasaron a él... pues... Pero, en fin, para contestar enteramente a su pregunta, no puedo sino referir, una vez más, a mi libro.
-Recuerdo que en alguna reseña Castellani definió al escritor inglés Hilaire Belloc como un "profeta". ¿Lo fue también el propio Castellani?
-Alguna vez hablé sobre este asunto de Castellani y sus dotes de profeta. Recurriendo a una categoría kierkegordiana, Castellani se reconocía un "singular" y en esa medida su voz resonaba con aires proféticos, malgré lui. Y no que fuera un caprichoso, como se lo ha acusado tantas inicuas veces, ni que quería hacerse el enfant terrible, ni que estaba loco. Castellani, como cualquier profeta, no tenía vocación ninguna por el martirio: no era un suicida y sabía que decir lo que tenía que decir le costaría carísimo. Pero como Jonás, quiso huir, refugiarse en una vida académica, en una tranquila studiositas de biblioteca, pipa y ocio intelectual. Pero Dios no lo dejó.
El profeta confrontará las potestades seculares si falta hace, pero habitualmente no es ésa su principal incumbencia, sino el confronto con las autoridades religiosas por esconder verdades que Dios quiere luminosas, la denuncia por permitir que la doctrina se corrompa o la acusación por vivir en colusión con el mundo mientras se degradan las costumbres. Por eso el profeta -a imagen de Cristo-, a la larga o la corta, se encontrará de topada con la jerarquía religiosa. Y la historia siempre se repite. Es cuando el pueblo cae en la apostasía que Dios envía al profeta para "chillar", para corregir el rumbo. Sólo que a Castellani le tocó venir a denunciar la Gran Apostasía, posiblemente la última. Era un tipo difícil, creía inminente el fin de los tiempos y nos previno de la Gran Calamidad por venir, a nosotros, los fieles de los países del Plata, desde su ignominia, noche oscura y destierro. Y es parte no pequeña de la Gran Calamidad, que todavía, cincuenta, sesenta años después, aún no se le preste la debida atención.
-La Iglesia parece vivir hoy días de particular zozobra, que tal vez sólo puedan entenderse a la luz del Apocalipsis, libro que Castellani estudió y comentó toda su vida. ¿Se anima a conjeturar qué opinaría el padre a ese respecto? ¿O es que ya lo expresó en algunos de sus libros?
-En efecto, nos tocan vivir días tan oscuros que, por mi parte, no alcanzo a ver casi nada. Y no, ni siquiera Castellani anticipó un Papa como el que tenemos, aparte de contar con un Papa emérito. No señor. Yo me he pasado la vida leyendo a Castellani pero confieso que todo eso me sirve de poco cuando contemplo lo que está sucediendo en la Iglesia. Claro que los fenómenos antiguos que persisten, eso sí, Castellani ayuda a verlos, cosas como el fariseísmo por ejemplo, o la onda anti-parusíaca, se ven con toda claridad. Pero hay cosas nuevas como el plebeyismo y la nadeidad de Bergoglio que a uno lo dejan completamente perplejo. Porque a él, a Bergoglio, digo, ni para Anticristo le da, no señor, no le da el cuero. Y luego, él es el perfecto anti-Castellani ¿no? El jesuita que no estudió nada, que no sabe nada de nada, el progre-peronista diletante y falsificador, el amado del mundo, el irreverente y adulador del mundo al que le fue tan, pero tan bien, que llegó a Papa. ¿Qué le parece? Sí señor, es el anti-Castellani, perfecto. Y ¡sandiez! también es argentino.

29 comentarios:

Corregidora dijo...

aunque ya no está , por supuesto, siempre digo digo que Castellani es el Verdadero Papa argentino. Él sí tenía la capacidad. Algo de eso hay en "Juan XXIII-XXIV".

Anónimo dijo...


¡Arrea! Menudo párrafo final.

Juan Ignacio Serrano dijo...

Pensar que Castellani le dio sin asco a La Prensa... Alguien sabe si es el mismo medio?

Anónimo dijo...

Es posible que subyacente a los "aspectos sombríos" y "lados oscuros" en la personalidad de Castellani no se halle exclusivamente, o incluso principalmente, lo que le pasó en los primeros cinco años de su existencia, sino la dimensión constitutiva conocida como neurodiversidad, que básicamente quiere decir que algunos vienen con un cableado neuronal distinto que les facilita ciertas funciones y les dificulta otras, entre ellas usualmente la interacción social.

El par JB-LC es un buen ejemplo de extremos opuestos en esa dimensión, el primero con una gran habilidad social que le permitió llegar a donde llegó, el segundo con una falta de habilidad social que hizo que un intento de exponer sus puntos de vista resultase en que lo encierren como a un loco. Para aficionados a la historia del arte, otro buen ejemplo de extremos opuestos en esa dimensión es el par Bernini-Borromini. Si no se tiene en mente la dimensión de neurodiversidad, la personalidad del segundo da pie a pensar "¿Pero qué le pasaba a este tipo?" Si se lo tiene en mente, en cambio, todo cierra.

Denisovic dijo...

La parte final del artículo es antológico, para enmarcarlo; literalmente de acuerdo.

Daniel dijo...

En un par de párrafos, un periodista deportivo de medio pelo muestra una vez más que el Rey está desnudo.

http://www.lanacion.com.ar/1982180-el-american-football-que-el-papa-olvida

Juancho dijo...

Juan Ignacio:

La Prensa en su momento era un diario de gran tirada, y un emblema del discurso liberal en Argentina...

Con "La Prensa" de hoy creo que solo debe compartir el nombre.

Juancho de Marmol.

Walter E. Kurtz dijo...

Es el mismo "La Prensa" pero hace rato que no es el mismo diario (desde que falleció el Padre hasta ahora, el diario ha tenido unos cuantos dueños distintos y diversas líneas editoriales).

Anónimo dijo...

cartón lleno con bergoglio no necesitamos otro corregidora...

Anónimo dijo...

Florencio Gamallo, su gran amigo y libertador de la carcel en Manresa, adelante en la primera foto, con boina, bufanda, maletín y también pipa. Ezeiza. 1975. Regresando de Mexico.

Anónimo dijo...


El Padre Castellani no fue anti-peronista, lo he leído elogiando a Evita, retando con dulzura a Peron y exaltando a Hipolito Irigoyen, y es mas, lo leí criticando a Rosas, por no haber perdonado la aventura del cura con Camila.

Y les ha dado con un caño a todos los "catolicones" que rodearon a Leonardi.

Guarda...


Anónimo dijo...

El artículo de Randle es bueno , pero cae en la tentación de subestimar a Bergoglio. Eso de que no le da el cuero para Anticristo ,yo no lo afirmaría tan fácil. Que sea berreta, vulgar e ignorante no es impedimento para que sea, por lo menos , el falso profeta. Me parece que mucho libro pintando a éstos dos nefastos personajes cómo gentilhombres ,nos puede confundir.
Respecto del artículo de La Nación que cita Daniel a las 13.37 , es para leerlo porque alguien que seguramente no es del "palo", se da perfecta cuenta de lo sanatero que es Pancho.

Atahualpa Wilkinson ( medio guitarrero y medio apertura)

Walter E. Kurtz dijo...

Perdonen el off-topic, o no tanto.

¿Estamos ante el principio del fin del noviazgo del "mundo" con Francisco?

Primero fue la carta abierta de católicos estadounidenses al presidente Trump del 20 de enero pasado pidiéndole que mande investigar las vinculaciones del Partido Demócrata con el Vaticano, la caída de Benedicto XVI y la elección de Bergoglio. En inglés aquí. En castellano acá.

Luego el muy polémico libro de Emiliano Fittipaldi (el de los Vaileaks 2), Lussuria (Milano: Feltrinelli, 2017), quien acusa al Papa Francisco de no haber hecho nada por detener los abusos sexuales por parte de sacerdotes. Aquí la web de la editorial. Ésta es la nota con la cual se presentó.

Ahora la publicación en Italia de un libro súper crítico escrito por un vaticanista ex-bergogliano, Aldo Maria Valli, que acompañó a Francisco en unos cuantos de sus viajes: 266: Jorge Mario Bergoglio Franciscus P.P. (Macerata: Liberilibri, 2016). Aquí el sitio de la editorial.

El Pasquinate del sábado pasado (4 de febrero). ...Dónde está tu misericordia?. Cuestión tan intrascendente que, según Antonio Spadaro SJ (La Civiltà Cattolica), tiene al DIGOS (Divisione Investigazioni Generali e Operazioni Speciali) de la Policia di Stato buscando a los culpables (no sé de qué crimen...).

Y eso que falta airear el escándalo de las "cuentas intocables" del IOR y la pata argentino-kirchnerista del affaire.

Anónimo dijo...

Y le publicaron la nota con ese parrafito impecable pero politicamente incorrecto al final?
Bien por la Prensa!

Benigno

Anónimo dijo...

en la segunda foto, en la parte inferior de la vidriera se alcanza a leer una palabra: SOL.

Funes dijo...

Anónimo: Le agradecería por favor dos precisiones:a)en qué lugar de su obra Castellani justifica los amoríos de Camila; b)quién fue "Leonardi" y quiénes sus "católicones" criticados. Muchas gracias.
Funes

Carlo dijo...

Anónimo de las 18:41: no soy especialista en Castellani y ni de lejos leí toda su vastísima obra, pero que me acuerde (creo que fue en el "Apokalypsis de San Juan") Castellani elogia no a Perón o Evita, sino el ardor y la admiración que producen en las clases más bajas y que demuestran, según él, el sano sentimiento monárquico natural que tienen esas personas. Y eso es algo que los peronistas saben a la perfección, y los demás partidos (republicanos y liberales plenos) no, y creen que la mayoría de los seres humanos eligen libre y racionalmente a sus gobernantes. Y por eso siempre fallan, y los gobiernos no peronistas son siempre breves intermezzi en los últimos 70 años de la historia argentina, dictaduras incluidas (la más larga, 1976-1983, solo duró 7 años. Brasil tuvo más de 20 años de dictadura militar ininterrumpida, 1964-1985, por poner otro ejemplo de la región). No es un elogio de los peronistas, muy al contrario: ellos tienen un conocimiento instintivo de la psicología política humana, pero la usan siempre para el mal (más que nada poder y riqueza de sus dirigentes).

Carlo dijo...

Walter: sí, empieza a haber una reacción más organizada y visible (¡finalmente!) en contra de Bergoglio. Por otro lado, como mostré en otro comentario, hay gente de mucho poder e influencia todavía apoyándolo, como muestra su participación en el carísimo (de hecho, el minuto más caro de transmisión del mundo) entretiempo del Super Bowl.

Anónimo dijo...

GASTON: Nadie dice nada de algo a mi modesto juicio importantísimo: La actitud de Bergoglio ante el hecho de los cristianos masacrados en tierras del Islam, el modo como trató a la familia de Asia Bibi que un español, tan bien intencionado como ingenuo, le presentó en el curso de una audiencia pública y a los que no hizo ni caso.

Anónimo dijo...

Lonardi era un canceroso moribundo que se tomó un micro de línea con un maletín, en el que llevaba su uniforme. Y en nombre de Cristo derrocó a Perón.

Alberto Althaus dijo...

Sobre que Castellani no logró prever el desastre actual nos dice Sáenz que Castellani en sus ficciones nos muestra que "(...) en nuestra patria, se va formando una Iglesia adúltera, filial de la universal, también adúltera, con el nombre de Neocatolicismo, o Movimiento Vital Católico , o Vitalismo Cristiano, cuyos miembros detentan los puestos directivos de la Iglesia oficial, acosando a los católicos fieles de la verdadera Iglesia, reducidos a total marginación." "En la ficción de Castellani coexisten dos Papas, el verdadero, León XIV, que reside ocultamente en Jerusalén; y el falso, pero oficial, Cecilio I, con sede en Roma."

Anónimo dijo...

la Policia di Stato buscando a los culpables

jajajajajaj

Gaucho Matias dijo...

Castellani no justifico el "amor" de Camila, comento en su libro "Las parábolas de Cristo", que Rosas había actuado bien como Juez pero mal como Gobernador, pues debería haberlos perdonado.

En el mismo libro, refuta a todos aquellos que difamaban la ayuda social que brindaba Evita con el supuesto de que se lo sacaba a otros y el Padre dice que eso no fue cierto.

Y siguiendo con el mismo texto, el Padre brama contra los "catolicones que se bañan en agua bendita"(sic) que rodearon a Leonardi, por haber generado desastres, entre otros, de nombrar a Borges a cargo de la Biblioteca Nacional y de haber perjudicado la fe, reduciéndola a esta, a un abyecto fetichismo, lacerando la mística católica, que impide que la religión se vuelva pura exterioridad.

Anónimo dijo...

Leyendo en Infovaticana sobre la pegatina de afiches que aparecieron en Roma, y los comentarios, en contra de Berboglio; hay quienes se pronuncian a favor y otros en contra. No hay dos iguales. Hace un año 2/2016 Francisco se reunía con el Patriarca Kiril y la noticia era la Unidad de los Cristianos. Hoy, en cambio, es la división de los Católicos. Si hago una lectura numérica de los comentarios Berboglio pierde 60 a 40. O los seguidores de Pancho no leen Infovaticana o no son católicos!!!!

Anónimo dijo...

De que el Padre Castellani era muy particular, no queda duda alguna. Y si la quedara, allí están las Cartas a Leónidas Barletta:
Cartas a Barletta

Anónimo dijo...

¿que unión con los cristianos 19:38? si los ortodoxos nos detestan a los católicos y mucho más a los católicos conciliares.

Anónimo dijo...

dice que eso no fue cierto.


jajajajajajajaj

Juan dijo...

Anónimo de las 8:01, gracias por el enlace a la carta a Barletta. Hay un pasaje que quiero destacar y comentar, porque disiento con él totalmente.

"¿Cómo habrá nacido en mí la fe, esa absurda actitud ante la vida que ahora tiene tan tiránica fuerza en mi corazón? ¿Cómo me habrán "enfermao la vista"?

No se puede negar que es una especie de muerte, un reniego de la vida —de esta vida—."

La realidad es exactamente al revés. Sin fe, por lo menos la básica que tenía Henoc según Hebreos 11,5-6: "creer que Dios existe y que premia a quienes le buscan", la vida de cada ser humano, la existencia de la humanidad y la existencia del universo son absurdas, no tienen sentido, y la única actitud sensata en esta vida es el epicureísmo absoluto mientras se pueda disfrutar y la eutanasia cuando ya no se pueda. La fe no es un reniego de esta vida sino al contrario, al darle proyección trans-temporal, le da sentido y la afirma.

Esto se ve particularmente claro en el caso del aborto, cuando la vida en cuestión es la del embrión. Quien no cree "que Dios existe y que premia a quienes le buscan" no tiene una razón sólida para rechazar la opción de eliminar a un embrión cuando la presencia de éste es molesta. Es precisamente a partir de la fe que la vida del embrión es afirmada.

Anónimo dijo...

EL JUSTO ODIO A LA HEREJÍA




En el párrafo que Tradition in Action extrae de una obra del célebre escritor inglés P.Faber, tenemos que reconocer una característica sobresaliente de nuestro catolicismo actual. Hemos perdido el odio y aversión a la herejía que tenían los antiguos católicos. Hoy día vivimos, como en un diluvio, rodeados de herejías, no sólo entre nuestros iguales sino también la herejía oída desde los presbiterios, en el culto divino y lo que es más herejías proferidas de palabra o por escrito por aquellos cuyo cometido es el cuidado de nuestras almas, no importa el rango que ostenten.

Donde no hay odio de la herejía,
no hay santidad

Fr. Frederick Faber fue uno de los más eminentes autores católicos ingleses de finales del siglo 19. Como nuestros lectores pueden ver a continuación, no tenía miedo de hablar con firmeza contra la herejía y el odio que los católicos le deben tener. Advierte contra una ” muestra de tolerancia solícita y simpatía” con los herejes, algo que sería bueno que los católicos americanos tuvieran en cuenta en sus relaciones con los protestantes.

Fr. Frederick William Faber
Si odiáramos el pecado como conviene odiarlo, es decir con celo, con valentía, deberíamos hacer más penitencia, deberíamos infligirnos más auto-castigo, deberíamos sentir un más profundo dolor de nuestros pecados. Pero añadido a ello, la herejía es la suma deslealtad para con Dios. Es el pecado de los pecados. Es la cosa que Dios mira con más disgusto en este mundo pecador.

Sin embargo, ¡qué poco comprendemos su enorme malicia! Se trata de una mancha en la verdad de Dios, que es la peor de todas las impurezas. Sin embargo,¡qué poco caso hacemos de ella! La vemos y quedamos tranquilos. La palpamos y no temblamos. Nos vemos envueltos por ella, y no tenemos miedo. Vemos que llega a tocar las cosas sagradas y no tenemos percepción de sacrilegio. Respiramos su hedor, y no mostramos signos de aversión o repugnancia. Algunos se muestran amables con ella, y otros incluso atenúan su culpa. No amamos a Dios lo suficiente como para estar celosos de su gloria. No amamos a los hombres tanto como para sentir por sus almas una verdadera caridad.

Como hemos perdido el tacto, el gusto, la vista, y todos los sentidos propios de una mente espiritual, podemos vivir en medio de esta plaga odiosa, tranquilamente, imperturbablemente, reconciliados con su inmundicia , no sin profesar con liberalidad cierta jactanciosa admiración, tal vez incluso mostrando solícitamente una tolerancia simpática.

¿Por qué estamos tan por debajo de los santos antiguos, e incluso de los modernos apóstoles de tiempos recientes, en la mayoría de nuestras conversaciones? ¿Se debe a que nos falta el rigor de la antigüedad? Necesitamos el espíritu de la antigua iglesia, el genio eclesiástico de la antigüedad. Nuestra caridad es falsa porque no es severa, y es poco convincente, porque es falsa.

Carecemos de amor de la verdad en cuanto verdad, como verdad de Dios. Nuestro celo por las almas es insignificante, porque no tenemos celo por el honor de Dios. Actuamos como si favoreciéramos a Dios con nuestra conversión en lugar de sentirnos almas temerosas rescatadas por un exceso de misericordia.

Sólo manifestamos a los hombres la mitad de la verdad, la mitad que mejor cuadra con nuestra propia cobardía y vanidad, y después nos preguntamos porqué son tan pocos los que se convierten, y de estos porqué apostatan tantos.

Somos tan mezquinos que nos sorprendemos de que nuestras medias verdades no hayan logrado el efecto de la entera verdad de Dios. Donde no hay odio a la herejía, no hay santidad.

Un hombre, que podría llegar a ser un apóstol, se convierte en un miembro enfermo de la Iglesia por falta de una justa indignación.

https://moimunanblog.com/2011/11/27/el-justo-odio-a-la-herejia/