lunes, 31 de octubre de 2011

Nuestro Padre, el misericordioso


El punto 5 del Vademecum del gobierno local -otro de los documentos reservados del Opus Dei-, instruye acerca de cómo tratar a aquellos numerarios que dejan la Obra. Aquí tienen ustedes lo que aparece en la versión 2002. Sin embargo, en 2005 apareció una nueva versión en la que se suavizan algunos términos en orden a hacerla aceptable a la Congregación para la Doctrina de la Fe.
En cualquier caso, los Directores han de tomar las medidas —dictadas por la caridad y por la prudencia— para que no se perturbe el buen espíritu de los demás, ni se creen confusiones o situaciones equívocas. Se perturbaría o se confundiría, por ejemplo, si mientras no transcurran muchos años, se les permitiera (a los que salieron) que fuesen por nuestros Centros con demasiada frecuencia y confianza, o se les invitara a comer allí; si se tuviera con ellos una excesiva familiaridad, en el trato y en las conversaciones; si se les contaran cosas de la vida en familia, o si se les hiciera intervenir prematuramente y con cierta autoridad y responsabilidad en actos o en trabajos relacionados con la Obra y que, por ser públicos, pudieran tener una cierta difusión. Tampoco resulta oportuno, de ordinario acudir a su boda, al bautizo de los hijos, etc.
No resulta tampoco oportuno que, después de abandonar su camino, comiencen a colaborar con personas de la Obra en trabajos profesionales de los que obtengan un beneficio material.
La mejor manera de manifestar su buena disposición es que ayuden generosamente con sus limosnas —según su capacidad— en las labores de apostolado, al menos durante bastante tiempo.
Pasando en limpio el mandato del misericordioso padre: el que nos deja, no vuelve a entrar en nuestras casas y se prohíbe cualquier tipo de contacto con él. Ni siquiera se le debe dar el apoyo afectivo mínimo que se esperaría de aquellos que fueron sus amigos y hermanos durante años. Más aún, se deberá advertir a todos aquellos que tengan relación con la Obra que no le den trabajo, y si ya lo tuviera, que lo echen.
Pero en lo posible, claro, habrá que manipularlo de tal modo que nos siga pasando dineros.
Díganme si el Santo juanpablino no es la gráfica más viva de la parábola del Hijo Pródigo.

domingo, 30 de octubre de 2011

jueves, 27 de octubre de 2011

Nuestro Padre, el Buen Pastor


El 11 de marzo de 1961, Escrivá de Balaguer pronunció una meditación a un grupo de miembros del Opus Dei en la que glosa la parábola del Buen Pastor. El texto fue editado como un documento interno de la Obra al que no debía tener acceso el público externo. Pueden leer esta joyita de la manipulación que ejercen los superiores de grupos religiosos con apariencia de santidad bajándolo desde aquí.
En este post, comentaré solamente algunos párrafos.

La Santa Coacción
“Si el Señor quería que obligaran a ir al banquete a personas extrañas, ¡cuánto más querrá que uséis una santa coacción, una bendita coacción, de amor, con los hermanos vuestros, ovejas del mismo rebaño de Jesucristo! Esta hermosísima coacción de caridad, lejos de quitar la libertad a vuestro hermano, le ayuda delicadamente a administrarla bien. No lo olvidéis”.
Curiosa interpretación del texto evangélico. Un hombre prudente y santo, quizás, podría lograr una interpretación aceptable del concepto de “santa coacción”, pero resulta muy fácil que este mandato del Padre se transforme en una liberación de la conciencia para que los miembros del Opus ejerzan cualquier tipo de presión y utilicen cualquier tipo de medios a fin de “cazar” a alguien. ¿Cuál es el límite para que la coacción sea santa o deje de serla? Más aún, la coacción psicológica, que no es otra cosa más que la limitación de la libertad, ¿puede ser santa en alguna ocasión? E incluso, ¿Usa Dios alguna vez la coacción?

Yo soy único
“Tomad vuestras notas, y grabad en vuestro corazón lo que os digo. Porque no sólo os habla un sacerdote: es el Fundador, y no hay más que uno. Papas, conoceréis muchos; yo he conocido a varios. Cardenales, a montones. Obispos, más aún... pero Fundador del Opus Dei no hay más que uno, aunque sea de tan poco fundamento como yo: ¡uno sólo! Y Dios os pedirá cuenta si no atendéis mis indicaciones. Por mi boca os habla especialmente Jesucristo, porque yo especialmente en su nombre soy el buen Pastor”.
El Marqués de Peralta establece aquí el fundamento sobre el que puede edificar el resto de su meditación. Él es único y, para un miembro de la Obra, está más allá de los obispos, cardenales y aún del mismo Papa. Cada integrante de la prelatura mantiene un vínculo con él que es mucho más fuerte y significativo -y que conlleva la sumisión absoluta-, que el que mantiene con cualquier miembro de la jerarquía eclesiástica.
Pero sabe el ladino Escrivá que debe tensar aún más la situación a fin de manipular de un modo más seguro y efectivo: afirma que él es la boca por la que habla Jesucristo. Es decir, es él quien detenta los mandatos divinos para cada uno de sus súbditos. Es el mismo Cristo quien lo ha constituido pastor de los miembros de la Obra; su mandato, entonces, viene de Cristo y, por tanto, saltea las instancias normales de la jerarquía.
De este modo, cualquier requisitoria, consulta, orden, etc. que provenga por los canales ordinarios se ubicará en un estadio inferior a las que haya dictaminado el Padre y sus sucesores. Y él, representante directo de Jesucristo, podrá eximir si fuera necesario a sus súbditos de cualquier precepto que contradiga las disposiciones de las jerarquías ordinarias.

Todo queda entre nosotros
“¿Sabéis quién es, para mis ovejas, el buen pastor? El que tiene misión otorgada por mí. Y yo la doy ordinariamente a los Directores y a los sacerdotes de la Obra. Gente que no conoce el Opus Dei, no está en condiciones de actuar como pastor de mis ovejas, aunque sean buenos pastores de otras ovejas y aunque sean santos. Para mis hijos, no son el buen pastor del que habla Jesucristo. ¿Está claro? Sed fugiunt ab eo!. Seguid el consejo del Maestro: huir”.
El Padre delega su función pastoril a los Directores (que son laicos) y a los sacerdotes, y los demás miembros de la obra solamente pueden recurrir a ellos para la confesión y la dirección espiritual. “¿Está claro”? Del resto de los sacerdotes, se debe huir, porque ellos no son buenos pastores. Es más, “ese otro, que no es buen pastor, al no conocer los remedios oportunos, non venit nisi ut furetur et mactet et perdat, no viene sino para robar y matar y causar estrago”. Escrivá no puede ser más claro: cualquier sacerdote que no sea de la Obra y que ose acercarse a algunos de sus miembros, es un ladrón que a robar y matar, y de él se debe huir.
Es verdad que parece demasiado tosco y que -pensamos-, los miembros del Opus no pueden ser tan ingenuos como para seguir el mandato. Pero si tenemos en cuenta el fundamento que establecimos recién, cualquiera que lo haya aceptado no puede más que seguir también esta directiva. Caso contrario estaría desobedeciendo al mismo Cristo.
Pero, ¿es que no hay sacerdotes apropiados fuera de la obra?, podría preguntar alguno. El marqués responde: “No. El Señor lo dice terminantemente; quien no entra por la puerta en el aprisco de las ovejas, sino que sube por otra parte, es un ladrón y salteador. ¿Acaso no podrá acudir alguno de buena voluntad a dar una ayuda, a tomar un hatillo de ovejas y ofrecerles buen pasto, y volverlas al redil? No. ¡No! Y no soy yo quien lo afirma sino el mismo Señor. Los que no tienen misión encomendada por los Directores, no son buenos pastores, aunque hagan milagros”. Para que quede claro. Ni que viniera a confesar a la residencia el padre Pío o el mismo Cura de Ars debería ser aceptado, puesto que, al no ser del Opus, no son buenos pastores.

Libertad con sentido común
Algún numerario cabezadura podría todavía cuestionar la orden: Padre, ¿es que usted me quita la libertad de confesarme con otro sacerdote, aún extraordinariamente?
“Conviene que os confeséis con los sacerdotes que están designados. Podéis hacerlo con cualquier sacerdote que cuente con licencias del Ordinario. De esta manera, yo defiendo la libertad, pero con sentido común. Todos mis hijos gozan de la más absoluta libertad para confesarse con cualquier sacerdote aprobado por el Ordinario, y no se encuentra obligado a decir a los Directores de la Obra que lo ha hecho. ¿Uno que proceda así peca? ¡No! ¿Tiene buen espíritu? ¡No! Se ha puesto en camino de escuchar la voz del mal pastor.”
Aunque le parezca mentira. Léalo nuevamente. Es cierto. Escrivá era bestia aún para coaccionar. “Mire m’hijito, como pecar, no peca, pero se va al infierno igual”. Y lo dice claramente: Quien así se comporta se apartaría voluntariamente del buen camino e iría hacia el abismo; sin duda, habría perdido el buen espíritu”. ¿Y entonces, seor marqués? “¿Y peco? No. ¿Y tengo que decirlo a los Directores? No. Pero insisto: ¡ay de ti!, ¡pobre, pobrecito mío!”.

Los trapos sucios
Lo importante, en definitiva, es manejar las conciencias y, como Gran Hermano, saber exactamente qué es lo que sucede en el alma de cada uno de los miembros. Y, además, cuidar el buen nombre y honor de la Obra: Si te confiesas con otro sacerdote, “estarías, además, perjudicando a los demás. Ese confesor guardará el sigilo sacramental, desde luego: todos los sacerdotes lo cuidan celosamente, siempre. Pero cuando se le presente otra alma a pedirle consejo, y le manifieste que está pensando en solicitar la admisión en el Opus Dei, quizá se lo quitara de la cabeza. Aquel confesor no podrá evitar el pensamiento: ¿ir al sitio donde está aquel miserable, aquel canceroso que no se quería curar?
Y para Escrivá, quien esto hace, no es de Cristo. Propósito firme: el primer sacrificio consiste en no olvidar, en la vida, lo que expresan en Castilla de modo muy gráfico: que la ropa sucia se lava en casa. La primera manifestación de que os dais (a Cristo), es no tener la cobardía de ir a lavar fuera de la Obra la ropa sucia. Si de veras queréis ser santos; si no, estáis de más”.
Más claro, echale agua… sucia de los trapitos lavados. “Si van a confesarse fuera de la Obra, están de más”.

Y ahora que lo pienso, este personaje fue canonizado por el Magno. Un disparate. Un tremendo disparate.

miércoles, 26 de octubre de 2011

Nuestro Padre, el Gran Hermano



Las influencias, y probablemente los dinerillos, Opus Dei lograron que el sitio www.opuslibros.com retirara temporalmente toda los documentos internos que maneja la obra por razones de copyright. No hay que alarmarse ya que el universo wanderiano los tiene zipeados y comentaremos algunos aspectos significativos de este peligroso grupo enquistado en el poder de la Iglesia Católica.
Una de las cosas que más sorprende es el enorme mecanismo de control que han montado y el manejo que realizan de la información privada que recaban sobre todos sus miembros. Y para muestra, vean ustedes algunas de las fichas en las que metódicamente van volcando los datos:

Ficha de seguimiento de un supernumerario

 Ficha de seguimiento de un cooperador:


Como se observa, se incluyen dos datos de conciencia: si se confiesa (CF) cada semana y si acude a la dirección espiritual (Ch, para los supernumerarios y desr para los cooperadores). Luego, se registra si asiste a los Círculos (ces), al Curso Básico de formación humana y cristiana (Cur.Bás.), si hace la aportación económica (Ap.), si asiste a los retiros mensuales (rt), al retiro trimestral para sólo supernumerarios (rti) o a la meditación para sólo supernumerarios (med), al curso de retiro (crt) y a la convivencia (cv) anuales.
La cuestión que más ruido provoca en este sistema de seguimiento o persecución, es el uso que se hace de estos datos puesto que pareciera que todos ellos contribuyen al bien común… de la Obra, sin ningún tipo de miramientos a la hora de consignarlos y comentarlos, y decidir a partir de ellos, en los órganos de gobierno.
Veamos el informe elaborado sobre un numerario en 2004:

1. El cumplimiento del plan de vida no siempre es completo y con detenimiento. Es frecuente que deje algunas para última hora e incluso que no las haga.
2. La temática en las charlas, la mayoría de las veces, versa sobre su perseverancia; pareciera que desea encontrar una excusa que lo tranquilice, para abandonar la vocación. Del ca de este año, regresó con la idea de darse como plazo el presente año, para determinar si continúa o no en la Obra. En cada ocasión se le ha animado a que sea valiente, pida luces y fortaleza para que vea que el planteamiento que debe hacerse, es distinto ahora, de cuando escribió la carta. También se le ha dicho que no parece lo más acertado poner plazos, que todo en esta vida cuesta esfuerzo, que no idealice el matrimonio; que los casados también tienen problemas, como él lo tiene comprobado por la labor que atiende en [...].
3. En inconstante, muy inestable, casi un poco infantil. Poco mortificado en los gustos, un poco inmaduro. Desde luego no es muy obediente. Se le han dicho estas cosas, puntualizando.
4. Continúa con los problemas contra la Santa Pureza. No rara vez se va al cine, lógicamente sin decirlo antes. Tampoco ha superado dejar de consultar cosas inconvenientes en Internet. Está poco en la vida de familia; esto ha sido desde que llegó a este ctr. El auto que se le facilitó para la labor de [...], tenía como finalidad, también, que viniera a comer a la casa, prácticamente todos los días, y tampoco ha sido así.
5. Por lo que cuenta de su trabajo, no parece que lo haga bien, ni que vaya haciéndose un prestigio ante su jefe inmediato.

No creo yo que el Sr. Numerario sobre el que versa el informe vaya comentando por doquier los problemas que mantiene con la Santa Pureza. Los habrá dicho a su confesor y, seguramente debido a las deposiciones internas de la Obra, a su Director quien reúne en sí funciones de gobierno y es el encargado de llevar cuenta y detalle de los pecadillos deshonestos. Y este señor es quien vierte por escrito el reporte disciplinario y espiritual del numerario y lo pone a disposición de los superiores para que ellos vean qué hacer con él.
En fin, las autoridades del Opus Dei siguen atentamente los movimientos de todos los pececillos que han caído en su red. No sólo los públicos, sino también los privados. Ha desaparecido la venerable regla del foro interno y del foro externo. Ha desaparecido la confidencialidad propia de cualquier cargo o profesión. Ha desaparecido la confianza en el amigo que escucha y que calla. Ha desaparecido el starets o padre espiritual que acompaña. Solamente ha quedado el “Padre” o, mejor, el Gran Hermano.

martes, 18 de octubre de 2011

Dos frentes y una mirada



Los católicos argentinos tenemos dos frentes de batalla. Uno político y otro eclesial.
El político radica en el huracán Kristina - junto al cual el Katrina es un poroto-, que se apresta a llegar a nuestras costas el domingo próximo. Muchos dirán con razón que peor sería que ganarán Alfonsín o Binner. O Clarín. O el poder internacional del dinero. Es verdad. Pero el aluvión ideológico que caerá de manos de la patota kristinista será duro y difícil de soportar.
Sobre el frente eclesial es suficiente ver el video de la misa del niños del sábado pasado para darnos cuenta una vez más del estado en que se encuentra la Iglesia argentina. Y, en este caso, no sé si hay cosas peores que lo que tenemos. Los obispos porteños haciendo palmas entre payasos y marionetas es imagen de por sí elocuente. Y solución posible definitivamente no hay. Ni el Pocho ni Petrus en la sede primada serían capaces de cambiar algo. La única salida, como dice un amigo, es el avión sanitario: que la aeronave que transporta a todos los obispos argentinos a la visita ad limina en Roma se cayera en medio del océano. Quizás al barajar y dar de nuevo, la cosa podría mejorar.
Y, cuando me encuentro en situaciones de abatimiento humano como esta, no hay mejor lugar de consuelo que las palabras de consuelo que el mismo Cristo le dirigió a sus apóstoles cuando pasaban por un estado similar: el Sermón de la Cena según lo relata San Juan. Releyéndolo, encontré una frase en la que no había reparado y que me parece luminosa y enigmática. Aquí hago un breve comentario de la parte luminosa y dejo a los lectores, curas y monjes en particular, que me ayuden a resolver la enigmática.
El texto se encuentra en Juan 16, 22 y dice: “Vosotros ahora tenéis tristeza, pero os veré nuevamente y se alegrará vuestro corazón”. Mi duda es acerca de qué significa ese vernos nuevamente. La palabra que utiliza ele evangelista es ojyomai, que viene de ojravw y que es ver, en el sentido más simple del término. Por cierto, la referencia inmediata que realiza el Señor es acerca de que verá a sus apóstoles luego de la resurrección y éstos, naturalmente, se alegrarán. Pero ¿y nosotros? ¿cuándo nos verá? ¿Cuándo esa mirada se posará sobre nosotros para que nos llene de alegría?
Lightfoot, en su comentario a Juan, da una explicación interesante pero, me parece, demasiado terrena. Dice que esa nueva mirada hace referencia a que, una vez resucitado Jesús, los apóstoles dejarán de lado la imagen secular que de Él posee y adquirirán la visión adecuada del Mesías y, por eso mismo, se alegrarán. Es decir, la alegría vendría por descubrir al verdadero Jesús.
Santo Tomás reporta en la Catena aurea el comentario a este texto de Alcuino y de San Agustín. El primero indica que Jesús quiere decir que nos unirá a Él, y el segundo hace referencia a ese fin fuera del cual no hay alegría alguna, y que es la contemplación de Dios. En ambos casos, la mirada se daría en la eternidad. Por tanto, el “estar tristes” de los apóstoles es equivalente a nuestro “estar tristes” a lo largo de esta vida, y la “mirada nueva” del Señor que recibieron ellos luego de la resurrección, la recibiremos nosotros luego de nuestra vida terrenal.
La cosa es que yo no quiero esperar tanto -aunque no sé cuán “tanto” será la espera- y quisiera que esa mirada pudiera anticiparse en esta vida.
Bouyer, en su Le quatrième évangile, la relaciona la mirada con la promesa del Paráclito. Dice: “(esa mirada) en el contexto, hace alusión netamente a las apariciones. Pero Jesús la considera aquí en su relación con la efusión del Espíritu, y la alegría de sus discípulos no será solamente la de la reunión luego de la separación, sino el gozo perenne derramado en los corazones por el Paráclito”.
Según esta interpretación, entonces, la nueva mirada de Jesús se confundiría con la efusión del Espíritu que recibieron los apóstoles el día de Pentecostés, y nosotros en nuestro bautismo. Jesús ya nos habría mirado nuevamente y estaría en nosotros redescubrir esa mirada para llenarlos de la alegría prometida.
En otros términos, la mirada portada por el Paráclito debería provocar en nosotros el alejamiento, o el elevarnos, sobre las preocupaciones y los “frentes” abiertos en este mundo para concentrarnos en lo que “lo único importante” y el único Reino por el que vale la pena preocuparse.
Por cierto, seré acusado una vez más de quietista. No importa. Me importa sí recibir algún comentario esclarecedor de los que saben.

lunes, 17 de octubre de 2011

Sinite parvulos venire ad me


Quienes tenga Facebook, pueden ver el video que publica el informativo Eclesia (sic) en
http://es-la.facebook.com/periodico.eclesia
Allí podrán ver un video con tomas de la Misa para Niños oficiada el sábado pasado por el Cardenal Primado de la Argentina.
Imperdibles:
* La actuación del capocómico.
* Los obispos con cara de bobo haciendo palmas en la procesión de entrada.
Preguntas:
* Si el principio de no contradicción está aún vigente, ¿Quiénes son católicos? ¿Ellos o nosotros?
* Este personaje, dicen, estuvo a punto de ser Papa. Creo que ya perdió la carrera para el próximo pontificado. Pero cuántos como él habrán....

sábado, 15 de octubre de 2011

Fr. Jeremías dio en el clavo



Fr. Jeremías, nunca más de acuerdo con usted. Ha dado en el clavo, y lo dice bien y breve. Discutiría lo del barroco, pero en el contexto es un detalle.
Y remato: Et memento finis!


Algún postmoderno diría que el círculo hermenéutico siempre se está abriendo. Y para rematarla más, citaría a Schleiermacher diciendo que lo proyectado es siempre inteligible en su lugar de destino y no tanto en su origen, por eso el comentador del texto entiende mejor al autor de lo que él se entendió a si mismo.
Más allá de la exaltacion del solar patrio, que parece tener algún motivo adaptativo, aunque algunos no se lo crean, los españoles tienen entre sus múltiples defectos, una virtud: se caracterizan por hablar mal de su país mientras viven en él y exaltarlo hasta la irracionalidad, incluso con invenciones desiderativas, cuando están en el extranjero o se le hace algún reproche.
Sin embargo, enredarse en el siglo de oro, los reyes católicos, o la época imperial es un autoengaño de gabinete. Pues es una obviedad que la España actual no tiene nada que ver ni con el siglo de oro, ni con Franco, ni con los reyes católicos. Aunque hay algunas constantes.
A nivel de análisis sociológico (los esencialistas sabrán perdonar). En los años cuarenta en la península ibérica hubo un renacimiento religioso sincero, como consecuencia de la guerra civil y del apoyo del Estado a la Iglesia (sobre todo tras la II GM cuando el régimen para despegarse de las malas amistades hizo hincapié en su carácter de régimen católico). Eso produjo un auge de lo católico en muchos aspectos de la vida pública, pero con un grave inconveniente:la Iglesia pasó a tener "prestigio social". El aumento de vocaciones sacerdotales por aquellos años obedeció en parte a lo primero, pero muy mucho a lo segundo: todo el mundo quería un pariente o amigo sacerdote (máxime cuando éstos estaban capacitados para emitir certificados de buena conducta ante las autoridades). Es decir, el catolicismo se escayoló, se desespiritualizó, se fosilizó. Es por el mismo motivo que la pérdida de "influencia social" (no hablo del Estado, sino del día a día), tuvo la consecuencia inversa a lo sucedido en el régimen: las gentes se fueron progresivamente apartando, si bien los que eran sinceros, lo siguieron siendo. Y de hecho, el catolicismo medio español que queda es el de esa época ( en grandes cifras). Y lo peor, es el "escayolamiento" del modus operandi: el Estado dirá. Es un elemento característico de la idiosincrasia española la "economización mental" (no tanto la falta de sutileza, Wanderer), "si hay quien lo haga por nosotros, para qué molestarse?". No hay que buscar en el barroco la causa: es un rasgo peculiar que obedece a muchas causas y que en sus extremos es muy nocivo.
Tanto es esto así, que la Iglesia española nunca se dio cuenta de todo que el período de "sana colaboración" había terminado: una lacra que explica muchos silencios y complicidades del presente, por la necesidad de mantener un "status" que se considera esencial para la misión evangelizadora de la Iglesia.
Festina tempus, Domine.

Fr. Jeremías de las Sagradas Escrituras

viernes, 14 de octubre de 2011

El fraile y el lobo

Lupus, como era de esperar, le respondió a Fr. J. Prosit!


Esto es una locura, bailemos. Vea Fr. J., ud. no escucha o no se escucha. Si no se reconoce en lo que le achaco, es porque le gusta achacar nomás. Le salió así, reléase. Sin embargo, bien que me viene para retractarme. Eva Perón fue una mujer emocional, sinceramente preocupada por los pobres, llegada y allegada a un poder inmenso, desperdiciado por vanagloria, cinismo, requiebro de la tradición, el eco fúnebre y aborregado de la politiquería pedorra y una "libertación" tan solemne como idiota. La Plaza de Mayo, por su parte, es el principal teatro argentino, el termómetro del instinto nacional; o, si se prefiere, el proscenio de la cogitativa nacional. Y Borges nuestro mayor malabarista y nuestro mejor apóstata, tan cultivado como divertido y ciego. Ni Evita, ni la Plaza ni Borges son insignificantes, en eso me retracto. En cuanto a los tupamaros, bueno, le pifió por una frontera, o se equivocó al vocalizar. Pero ud. me dejó ciego a mí (de bronca) al mezclar la Argentina con Maradona, el autobautizado divino, el gran peloteador, que puede ponerse junto a Tinelli y Bonafini como una tríada, una válvula de pudrición básica, un motorcito ignominioso allá abajo, siempre andando. Pongo esos tres porque cada uno juega a la furia con los muñequitos que se le antojan.
Pues bien, no se me ocurre que Wanderer descrea de la faz épica de la Guerra Civil Española, ni de las personas o hechos verdaderamente gloriosos de la historia de España, y eso se confirma en sus propios comentarios al paso de los nuestros; más bien creo que trata de ponderar y ajustar, y retribuir con verdades duras los continuados desprecios y ninguneos (Castellani "bombilla de luz"). Ud. mismo lo dice: no leyó a Castellani, no conoce a nadie de acá ni de por acá, ni le molesta que existan. O sea, todo esto le importa una remolacha. ¿Entonces para qué viene a meter la uña? Ah, sí, porque aparentemente se montó un operativo justo en el Día de la Hispanidad. Y un cuerno. Acá algunos festejamos el Día de la Verdadera Hispanidad, no la de los carlistas que repudian a los falangistas, ni la de nadie que repudie a los descendientes de sus viejos enemigos por el solo hecho de que lo fueron (eso es muy shakespereano, ¿o muy español?). Somos pocos, pero no sé si menos que allá. Es más, ¿cómo y qué festejan ustedes en este día? Acá unos cuantos celebramos a Pelayo, Alfonso, Fernando, el Cid, los Reyes Católicos, los Conquistadores, Domingo, Vicente, Teresa, Juan de la Cruz, Torquemada, Donoso y José Antonio. También a Cervantes, Quevedo, Balmes, S. Ramírez, Becquer y a Platero y yo. Bah, saquen y pongan al gusto de cada cual, que hay de sobra. Lo sabemos. Lo aprendimos.

Pero nosotros, que somos pocos y tenemos mucho menos, tampoco tenemos nada ni poco. Es más, reconozco que a lo largo de nuestra historia apenas pudimos levantar la cabeza alguna vez. Debe ser el clima. Pero cuando alguno se alza, lo hace bien alto, como el Ermitaño Urbano que ud. desconoce. Es maestro, signo y las arras de nuestra mejor herencia. Uds., en cambio, en esta hora, habiendo tenido tanto, han caído desde muy alto, o dígame si no. No lo digo con bronca ni de retruque, sino con pena. Pero caen más bajo cuando son ignorantes del valor ajeno, y sólo se les revuelven las tripas si algún hijo pródigo no les retorna emporcado. No son todos, ya lo sé, pero me la agarré con ud., porque ud. vino y dijo. Tal vez se deba a la falta de una norma ISO para los comentarios.
Por último, y lo voy calculando despedida, eso que pasó por ahí del tributo a Hermes Trismegisto... No lo creo, salvo en este aspecto: lo hermético, lo esotérico, lo... iniciático. Es un camino de cornisa, desolado y sumamente peligroso. Más que hambre de sabiduría, voracidad. Mi consejo: a la cueva o a la aldea, que no se excluyen, llegado el caso. Pero nada de esos grupos iluminados, sectarios, que sólo se fortalecen en el intercambio de favores intelectuales y meramente humanos.
Lupus

Citas citables



"España está atrasada actualmente, en parangón con otras naciones, en las ciencias experimentales, la técnica, la industria: constatación que pudimos hacer con respecto a Italia personalmente. Eso todos lo dicen; pero lo malo es que también está atrasada y desde hace mucho tiempo, en filosofía y teología —pese a que de ordinario se dice lo contrario. "España desprecia las ciencias mecánicas, porque su vocación son los altos vuelos del espíritu, la Filosofía y la Teología". Filfa. Mucha más teología, pasión y afición de teología hay en Inglaterra o Francia, por ejemplo".
Leonardo Castellani, El ruiseñor fusilado, Penca, Buenos Aires, 1952; p. 85.


(Si quieren seguir mojando el pancito,  pueden bajar desde aquí el capítulo completo, que también está en el Arcón, gracias a Tesseus).


miércoles, 12 de octubre de 2011

Castellani y los españoles


El blog Infocaótica dedicó algunos de sus últimos post a la persona y a la obra del P. Leonardo Castellani. Esto provocó la enfurecida reacción de varios lectores, particularmente españoles, que acumularon varios denuestos sobre el teólogo argentino, los que podrían ser resumidos diciendo que Castellani fue un desobediente modernista.
Los peninsulares aportan pruebas que pueden leerse en el blog, aunque yo me detendré en una. Según el Anónimo, el P. Janssens fue unos de los mejores generales de la Compañía de Jesús, lo cual se prueba porque durante su mandato se llegó al record histórico de 36.000 miembros. Ergo, el General tenía razón en castigar a Castellani.
El argumento, análogamente, podría traducirse del siguiente modo: Bill Gates es el que alcanzó el record histórico en la venta de software. Ergo, Bill Gates tiene razón en apoyar las causas que apoya. Porque, según el Anónimo Español, la cantidad es signo de éxito, y éste es signo de sabiduría y justicia. Voilà!
Y podrán leer ustedes argumentos similares surgidos de la pluma de Eusebio de Lugo, Ricotín y Pikachu.
No voy a ponerme yo a defender a Castellani. No es necesario. “Como si los hechos no brindaran por sí solos una refutación evidente”, escribe Orígenes en su prólogo al Contra Celso. Allí está la obra del cura; quien tenga seso que la lea y la complete con el ladrillo verde de Tollers.
Escribía un comentador en Infocaótica que alguien, para criticar a Castellani, debía ser capaz de “pensar más allá del código binario”. Yo no iría tan lejos pero sí me gustaría recordar que el pueblo español no se caracterizó precisamente por la sutiliza de pensamiento, y mucho menos el pueblo catolicista español. El eminente psiquiatra oficial franquista y catedrático de la Complutense, Antonio Vallejo-Nájera, el mismo que dirigió un estudio científico destinado a probar la inferioridad mental de las personas de ideología marxista, hacía referencia en 1937 a “la pandilla de intelectuales” que debían ser eliminados por sospechosos, entre los que se encontraban Descartes, Ortega, Russel y Thomas Mann (Domingo, 15 de agosto de 1937). Y, un año antes, el general ídolo del Régimen, Millán Astray, había gritado en el Paraninfo de la Universidad de Salamanca, en presencia de Miguel de Unamuno, “¡Muera la inteligencia!”. Y el diario Arriba nos relata que un año después, en 1939, los falangistas del SEU habían celebrado el día del libro con una gran quema: “Con esta quema de libros contribuimos al edificio de la España Una, Grande y Libre. Condenamos al fuego a los libros separatistas, liberales, marxistas, a los pesimistas, a los de modernismo extravagante, a los cursis, a los cobardes, a los pseudocientíficos, a los textos malos, a los periódicos chabacanos”. (Arriba, 2 de mayo de 1939). Signos todos estos de sutiliza intelectual y del más puro catolicismo. Mientras tanto, Castellani comenzaba a escribir sus libros.
En 1964, cuando Castellani ya había redactado el Evangelio de Jesucristo y sus comentarios al Apocalipsis, el pasionista español Jeremías de las Sagradas Espinas confesaba su gran logro intelectual: había pasado veintitrés largo años estudiando el baile en Santo Tomás, San Buenaventura, San Alfonso María de Ligorio y un sinfín de escritores más, a partir de lo cual concluía que “el contacto prolongado de sexo en la cara, pecho, cintura y vientre son actos que encierran enorme capacidad de las más graves excitaciones sexuales” y, por eso mismo, el baile es “la última degradación de la diversión, la escuela de corrupción al alcance de todos, el mayor triunfo de Satanás, ruina de las mujeres, tristeza de los ángeles y fiesta del diablo” (en Juventud en llamas, Redención, Bilbao, 1964, p. 15). En consecuencia, el cardenal Segura decretó que los sacerdotes no podían absolver a los que se confesaban de haber bailado (en Ecclesia, 13 de diciembre de 1952).
Otros eminentes teólogos españoles coetáneos de Castellani se interesaban, en cambio, por las vestimentas femeninas. Mons. Gúrpide, obispo de Bilbao, indicaba que “El traje de baños debe tener falda, tirantes anchos y debe cubrir la espalda” y ordenaba que “las jóvenes no se bañarán en compañía de muchachos ni estarán con ellos en la playa, ni pasearán en bote, estando unas y otros en traje de baño”. Se sumaba el arzobispo de Burgos que ordenaba que “el uso de las medias debe ser imprescindible pues ir sin ellas es signo de desnudez”. El padre Ángel Ayala, jesuita y fundador de los Propagandistas, enseñaba a las señoritas: “No permitáis escotes, que ni os harán más bellas ni más estimables. No toleréis el ir sin medias, aunque vayan otras. No uséis pantalones. No asistáis a las piscinas mixtas, aunque vayan vuestras amigas. No améis el cine ni lo frecuentéis. Jamás vayáis en auto solas ni con un chico, aunque sea correcto y formal. No tuteéis a ningún joven si no es familiar vuestro. No intereséis vuestro corazón sin antes consultar con vuestra madre y vuestro confesor”. (A. Ayala, Recuerdos y criterios de un viejo, Studium, Madrid, 1956. P. 176).
Los laicos, por su parte, no se quedaban atrás. En diciembre de 1952 organizaban en Valencia el I Congreso de Moralización de las Playas, el cual logró que, en julio del año siguiente, la Dirección General de Seguridad estableciera que: “1) Queda prohibido el uso de prendas indecorosas, exigiendo que cubran el pecho y la espalda debidamente, además de que lleven faldas para las mujeres y pantalón de deporte para los hombres. 2) Queda prohibido la permanencia en playas, clubs, bares, etc. bailes y excursiones y, en general fuera del agua, en traje de baño”, y siguen otras prohibiciones por el estilo.
Y así, en la época en la que el “criptomodernista” y “medio ignorante que escribía mucho y sabía poco” de Castellani se empeñaba en cuestionar a sus superiores jesuitas y escribía sus obras, los obispos españoles desparramaban pastorales sobre la indumentaria femenina, sobre la pintura de los labios, sobre el patinaje artístico -“absolutamente escandaloso y rechazable” para el obispo de Vich-, sobre el peligro de que las chicas montaran en bicicleta y que los curas anduvieran en moto.
En conclusión, ¿qué prueban todos estos datos?
1) Qué los españoles no pueden acusar a Castellani de ignorante y modernista alardeando de su inveterada catolicidad porque en modo alguno las enseñanzas y prácticas de los prelados, clérigos y laicos ibéricos durante el periodo más católico de su historia reciente son índice de catolicidad.
2) Que la España católica nunca existió, o existió tanto como la Francia católica, la Italia católica o la Alemania católica. No se explica de otro modo el hecho histórico irrefutable de que en la Guerra Civil haya habido dos bandos, los dos poblados de españoles, y unos eran católicos y otros no lo eran. Y ambos eran malos. Y para prueba basta leer Los grandes cementerios bajo la luna, de Georges Bernanos, escritor católico francés a quien nadie puede acusar de liberal o de marxista, que relata sus experiencias en plena guerra civil, cuando fue a luchar en el bando de los buenos. Una sola muestra: “Conozco a un joven francés que, en los comienzos de la cruzada episcopal española, luego de tomar parte de una expedición punitiva, volvió fuera de sí, desgarró su camisa azul de falangista, mientras repetía con una voz entrecortada por sollozos contenidos: ‘¡Cochinos! Mataron a dos pobres hombres, a dos viejos campesinos, viejísimos’… por el crimen de sostener ideas prohibidas por el Estado”. (Siglo Veinte, Buenos Aires, 1964, p. 207). [Dirán, claro, que los franceses son afrancesados y por eso lloran; los españoles, que son machos, se la bancan].
3) El único católico que sostuvo a la ficción de la España católica fue Franco que, clarividentemente afirmaba que no se iba del poder porque, si lo hacía, todo se derrumbaba. Y así fue. Si alguna vez hubiese existido la España católica, la misma debería haber tardado décadas en desintegrarse. Tardó meses. Y ahora es lo que es.

martes, 11 de octubre de 2011

El retorno


Quería vacaciones más largas.
Luego de cuatro años, merecía un descanso. Y la idea era que se prolongara hasta entrado el 2012.
Sin embargo, pedidos conminatorios de amigos y, sobre todo, la lectura de algunos comentarios publicados últimamente en blogs colegas, apresuraron el regreso.
Las reminiscencias de Waugh me sugerieron variar levemente el título del blog: Retorno a Wanderer, diríamos ahora.
La edad no me invita ya a caminar por senderos neblinosos, sino que prefiero un ambiente cálido, rodeado de maderas y de libros, con un whisky en la mano y un amigo a mi lado y comenzar así, nuevamente, a caminar la posmodernidad.